Los autores de esta novela gráfica son los insignes Grant Morrison y Dave McKean. Aquí, en 1989, aún gateaban, al menos daban sus primeros pasos, sobre todo el guionista inglés Morrison. Después, ya en los noventa, Morrison elevaría Doom Patrol a serie de culto y crearía a los Invisibles, y ya en el siglo XXI se encargaría de dar nueva sangre a los X-Men. Serían otros tiempos mejores. Sin embargo su compatriota, Dave McKean, por aquellos 1989 ya cultivaba ese tipo de ilustración que mezclaba el collage con la pintura al óleo, una particular visión que le ha valido el reconocimiento unánime en el mundo del cómic. De hecho ya había hecho gala de su arte en Orquídea negra y Violent Cases. Luego durante los noventa crearía Cages y trabajaría fielmente junto a Gaiman en la elaboración de las portadas de la serie The Sandman.He de reconocer que la idea de meter en el manicomio a Batman junto al Joker y a otros villanos me atraía. También me atraía el hecho de que Morrison quisiese usar una iconografía que hiciese guiños a la historia de Alicia en el País de las Maravillas; que tratase el viaje de Batman através de Arkham como una travesía por su región de miedos. Sonaba muy bien eso de que iba a tratar el personaje de Batman desde un punto de vista adulto y complejo.
Nada. Menudo fiasco. Y mira que llevaba tiempo queriendo leerlo.
Batman parece un panoli mustio. Un tipo simplón y estúpido que se deja llevar por los acontecimientos con una parsimonia asombrosa. Y la complejidad del texto pasa por citar a Jung o Aleister Crowley o darle una simbología literaria cogida por los pelos. Pero fondo, fondo: ninguno. A Morrison no le faltan ganas de contar cosas, no digo que no: se vislumbra su espíritu jóven, con mucha fuerza en algunos momentos, pero desgraciadamente con poca o ninguna hondura. Hay momentos en el que la historia parece que va a explotar en una infinidad de brillos, pero al final se queda en un triste espejismo que deja aún peor poso ilusorio.
Las imágenes que pretenden ser perversas se quedan en simple pantomima o pose insustancial. Y toda la pretenciosidad de la historia se queda en simple anécdota o en sinsentido.
Para ejemplos, escenas tales como cuando Joker le toca el culo a Batman y le insinua cierta homosexualidad en su relación con Robin. O cuando Batman suelta una lagrimita cuando le pasan el test de Rorschach. O la escena donde Batman chilla pidiendo auxilio en el suelo como si fuera una niñita histérica. En fin.
Hay momentos que, al menos, resplandecen un poco, como algunas partes que ilustran la génesis de la locura de Amadeus Arkham o la escena donde el diario de Amadeus Arkham se mezcla con los acontecimientos que vive Batman. También Dave McKean hace un gran trabajo como ilustrador, dando un toque gótico y opresivo, manchando y ofreciendo una abstracción que sugiere más que muestra. Lo cual me parece fantástico.
Resumiendo: Pretencioso y vacío.







