domingo, 25 de enero de 2009

De ratones y hombres; de John Steinbeck

Steinbeck es, a menudo, citado entre ese grupo de escritores de "La generación Perdida", o literatos que reflejaron las devastadoras consecuencias de la Gran Depresión en Estados Unidos tras el crack de 1929. Entre sus obras más destacadas se encuentran: Tortilla flat (1935), De ratones y hombres (1937), Las uvas de la ira (1939), La perla (1947) o Al este del edén (1952). Recibió en Premio Pulitzer en 1940 y el Premio Nobel de literatura en 1962.

Lo más cerca que estuve antes de Steinbeck fué una madrugada, echaban por la televisión "Las uvas de la ira", dirigida por John Ford y basada en la novela más nombrada de Steinbeck. Tuve la película de fondo y la nostálgica pobreza y depresión norteamericana no consiguió embaucarme. No digo que el film sea malo, no puedo criticar algo a lo que no presté atención. Pero ahí quedó el recuerdo. Aquella leve mota de polvo, en blanco y negro, posada sobre la memoria, hizo que a partir de entonces deshechara las pocas ganas que tuviera de leerme aquella novela tan mítica y, por ende, a este escritor.

Hoy, me gustaría ser capaz de expresar en palabras mi terrible impresión, mi amor acongojado y resuelto, tras la lectura de "De hombres y ratones" (1937). Uno no puede quedar impasible ante sus personajes. La huella, la profunda marca, que deja éste pequeño libro es comparable a los magníficos descubrimientos literarios que de forma perpetua ya acompañan, como una sombra, al amante lector.

Con una lírica humilde y sencilla Steinbeck nos arrebata desde las primeras páginas. La amistad entre George y Lennie, dos jornaleros que llegan a una granja para cargar sacos, nos succiona de forma emocional. Lennie, con retraso mental, es casi un niño agazapado dentro de un enorme y fuerte cuerpo de hombre, incapaz de comprender el mundo que le rodea; y George, su gruñón cuidador, resignado por la carga que se autoimpone a la hora de proteger a Lennie, pero a la vez encariñado con su compañía, crea para él un sueño. La historia del libro, a grandes rasgos, sería ésta amistad, llena de pequeños, tiernos y dolorosos matices. La magnitud y simbolismo que encierran ciertas partes de la historia, dentro de la sociedad despiadada y cruel en la que está contextualizada, toma niveles gigantescos de humanidad y piedad.

Hay momentos del libro en los que la emoción queda suspendida en una tensión casi palpable. Uno de esos momentos, una escena importantísima a nivel metafórico, es cuando se sacrifica a un perro viejo y ciego. El tiempo, los segundos que transcurren, desde que se llevan al perro fuera del cobertizo hasta que le dan el tiro de gracia, toma características de intensidad física. Otro de esos momentos es el final de la historia.

Me llama poderosamente la atención que, de un modo muy sencillo, se nos presenten personajes tan arrebatadores. Steinbeck no necesita de vericuetos ni de artificios grandilocuentes, tan sólo simples diálogos de la vida diaria. De hecho, creo que precisamente es ahí donde reside la fuerza de éste libro, en sus diálogos. Lo cual me ha hecho ver éste libro desde una perspectiva teatral: Está compuesto de escenas estáticas: No hay "movimiento de cámara" ni cambio escenográfico, es decir: cada escena sucede en un lugar único: Un establo, la orilla del lago, el cuarto de los peones, la habitación de Crooks... y donde reside precisamente la energía activa es en el diálogo y la comunicación de los personajes que entran y salen de las escenas.

Un libro absolutamente imprescindible, y me temo que un autor, Steinbeck, que hay que leer por obligación tácita.

lunes, 19 de enero de 2009

Jumbee y otros relatos de terror y vudú; de Henry S. Whitehead

Dentro de los personajes más extraños que me he topado dentro de la literatura fantástica sobresale el reverendo Henry S. Whitehead. Extraño es que un diácono norteamericano de principios del siglo XX escribiese relatos de terror y los enviase a revistas pulp de la época tipo "Weird Tales", "Strange Tales" o "Adventure". Pero más aún es que la mayoría de estos relatos tuviesen como tema central el Vudú y las supersticiones de los negros de las Pequeñas Antillas. Whitehead fué enviado, entre 1921 y 1929, como diácono a las Islas Vírgenes, y quedó embelesado por las costumbres y ritos tribales de los nativos, emoción que quedó totalmente grabada en sus historias. Entre 1924 y 1946 escribió un sinfín de relatos fantásticos y de terror, la mayoría de los cuales fueron publicados en revistas pulp de la época, las mismas revistas que, por entonces, publicaban relatos de H. P. Lovecraft, Robert E. Howard, Clark Ashton Smith o Seabury Quinn. Arkham House publicó dos colecciones de relatos de Whitehead: "Jumbee and Other Uncanny Tales" (1944), y "West India Lights" (1946).

Dentro de Jumbee y otros relatos de terror y vudú, encontramos un total de catorce relatos. Todos están ambientados en las Pequeñas Antillas, y en todos encontramos descritos ritos y supersticiones de los negros. Según Whitehead, todos estos negros nativos creían en la necromancia, en la brujería. Ellos mismos practicaban en Obeah (Obi) para curarse de enfermedades, y se cobraban sus venganzas mediante el Vauxdoux (Vudú), prácticas que llegaron durante los días de la esclavitud a través de Jamaica o Benín. Este culto a la Serpiente, a esa parte oscura y maligna del rito, produce verdadero terror entre los nativos que conocen cuales pueden ser las consecuencias de su práctica. Entre todo el elenco de supersticiones destaca el Jumbee, también llamado Zombie. El Jumbee es un fantasma o aparición, pero con la característica de que siempre es negro.

Por la misma época William B. Seabrook escribió también sobre el vudú en su famosa "La isla mágica" (1929). Todo un catálogo de prácticas oscuras y sobrenaturales en Haití. Además, el libro de Seabrook aparece citado en uno de los relatos.

Para articular algunos de estos cuentos Whitehead se valió de: Gerald Canevin y su compañero, el doctor Pelletier. Dos investigadores de lo sobrenatural, a la manera del Hesselius de Lefanu, el Carnacki de Hodgson, o el De Grandin de Seabury Quinn. Pero estos sólo se ocupaban de investigar el lado sobrenatural del Vudú en las Pequeñas Antillas o Islas Vírgenes.

En casi todos los cuentos, por activa o por pasiva, encontramos como tema principal la necesidad de venganza de alguno de sus personajes, lo cual hace que estos usen el culto a la Serpiente como herramienta. De la colección de relatos destacaría "Cassius", "Sombras" y "El hombre árbol", los dos primeros por la intensidad y el mal rollo que dejan su lectura, y el tercero por la belleza y el amor a la naturaleza que infunde; además resaltaría las ambientaciones históricas de "El Negro Tancredo" (esa mano correteando me pone aún los pelos de punta) y "Siete vueltas en la soga del ahorcado" (una estupenda historia de piratas y venganza).

jueves, 15 de enero de 2009

La gaviota y El tío Vania; de Antón Chéjov

Antón Chéjov, nacido en el siglo XIX del antiguo imperio Ruso, amigo de Tolstoi o Gorki, innovó en las dos facetas literarias en las que trabajó: El relato, del que fué un gran maestro, y el teatro. En lo que se refiere al relato o novela corta, llegaría a escribir: "La concisión es hermana del talento" "El arte de escribir es el arte de condensar" "Escribir con talento es escribir concisamente".

Bajo el seudónimo de Antosha Chejonté comenzaría a escribir una serie de relatos satíricos sobre la sociedad rusa. De un modo despiadado e irónico diseccionó aquella degradación económica y cultural de la nobleza, haciéndose rápidamente famoso. Dentro de su creación teatral dió un nuevo punto de vista: eliminó los efectismos y todo lo espectacular (irónicamente lo teatral), de ahí que sus obras no tengan una acción clásica, sino que se compondrían de sucesivas imágenes cotidianas que logran una emoción general, y una especie de corriente submarina (a través de lo no-dicho o expresado, sino lo insinuado) que logra vertebrar lo profundo, lo importante de la vida. El subtexto y los silencios componen, por tanto, un elemento esencial de su dramaturgia. Dentro de su obra dramática destacan: La Gaviota (1895), El tío Vania (1899), Tres hermanas (1902), y El jardín de los cerezos (1904).

La gaviota (1895)

En ésta obra se habla de manera bastante directa de literatura y de teatro, y de cómo tanto teatro como literatura están irremediablemente enraizados a la propia vida. De hecho, los personajes principales están relacionados con la creación artística: Un joven escritor romántico, Treplev, que ansía conseguir reconocimiento, Nina, aspirante a ser actriz; Trigorín, un afamado literato; Masha, enamorada de la melancolía creadora de Treplev; o Arkádina, madre de Treplev y vieja actriz. Además, en "La Gaviota", se cita el Hamlet de Shakespeare y en dos ocasiones a Maupassant. Lo cual a mi modo de ver no es algo accesorio, sino que el propio Chéjov rinde así humilde pleitesía a dos de sus más grandes influencias.

El título de la obra se toma de un elemento simbólico de la propia obra: Una gaviota. Éste elemento aparece en momentos concretos y significativos a lo largo de los cuatro actos, dotando al texto de intensidad alegórica: La propia Nina dice " Yo me siento atraída hacia aquí, hacia el lago, lo mismo que una gaviota" y posteriormente firmará sus cartas como -Gaviota-, adoptándolo como seudónimo, y cuya desesperación le lleva a confundirse con una de ellas. El romántico Treplev deposita a los pies de Nina una gaviota que acaba de matar. Y Trigorín, tras ver esa gaviota muerta, anuncia el propio destino de Nina diciendo: "Un argumento que se me ha ocurrido... El argumento de un pequeño relato. Una jovencita parecida a usted vive desde niña junto a un lago. Ama el lago como si fuera una gaviota, y como una gaviota feliz y libre. Pero llegó fortuitamente un hombre y, a falta de otro quehacer, la destruyó igual que han destruído a esta gaviota". Además, la propia naturaleza del escenario: un teatro sobre el que de fondo se ve un lago, los sonidos de tormenta y la noche anuncian la tragedia, todo se mezcla para confundir realidad, amor, creación y teatro en una misma cosa. Escribir y vivir se funden para Treplev, el triste y jóven escritor, que se dice a sí mismo: "Nada: cada día me convenzo más de que no se trata de formas viejas ni de formas nuevas; se trata de que el hombre escriba sin pensar en formas, de que escriba porque así le sale espontáneamente del alma".

El tío Vania (1899)

El tema central de ésta obra es la belleza. De cómo la belleza de la jóven Elena, casada con el viejo Serebriakov, arrastra hacia su destino a los personajes principales. Su belleza atrae intensamente tanto al tío Vania, como a Astrov, el médico; de igual modo que la luz a los mosquitos. El amor al que aspiran es una vía de escape. Y en la obra descubrimos cómo los dos sueñan con una vida muy distinta a la que llevan y no son capaces de enderezarla, cayendo en una especie de desesperanza y en el dolor de una vida perdida.

ASTROV: Yo no estoy satisfecho de la vida, igual que le sucede a su tío Vania, y los dos nos volvemos gruñones (...) Pero ésta vida rusa nuestra, provinciana y vulgar, no puedo soportarla, la desprecio con todas las fuerzas de mi alma.

En realidad, todos los personajes sienten una gran desesperanza, viéndose arrastrados y condenados a una existencia baldía, resignándose. Elena, la bella jovencita casada con el viejo Serebriakov, se ve atrapada: "Es pereza y es aburrimiento. Todo el mundo critica a mi marido, todo el mundo me mira con compasión: ¡Desdichada, tiene un marido viejo".

(...)

VOINITSKI (Tío Vania): ¡Ya lo creo! ¡Yo era una individualidad luminosa que a nadie le daba luz! (...) Me paso las noches en blanco, de pesar y de rabia, por haber malgastado tan estúpidamente el tiempo cuando podía haber tenido todo lo que mi vejez me niega ahora.

Tanto el tío Vania como su hermana Sonia, están irremediablemente enamorados, el uno de Elena y la otra de Astrov. Y, ante la idea de volver al habitual sopor de sus vidas, prefieren la mentira:

VOINITSKI (Tío Vania): Cuando falla la vida, hay que vivir de espejismos. Al fín y al cabo, es mejor que nada.

(...)

SONIA: La incertidumbre es preferible. Siempre queda la esperanza.

Ante ésta frustración, todos los personajes regresan a su hábito. Como si hubieran vivido una especie de sueño y ahora, ya despiertos, se desperezasen resignados ante la vida que les espera.

VOINITSKI (Tío Vania): Esto es un sufrimiento. Tengo que ponerme a hacer algo inmediatamente... ¡A trabajar! ¡A trabajar!

(...)

SONIA: Pobre tío Vania, pobrecito, estás llorando (...) Tú no has conocido alegrías en tu vida; pero espera, tío Vania, espera... ¡Descansaremos! ¡Descansaremos!

martes, 30 de diciembre de 2008

La otra parte; de Alfred Kubin

En realidad Alfred Leopold Isidor Kubin, o Kubin a secas, es hoy en día más conocido por sus oníricas ilustraciones expresionistas que por su trabajo como escritor. Todo ello a pesar de que su novela "La otra parte" (1909) es considerada como una de las mejores novelas fantásticas de todos los tiempos. Kubin nacería en Bohemia (1877), parte del entonces imperio Austrohúngaro y estudiaría arte y fotografía. Sus dibujos fueron influencia decisiva para el cine de Murnau, y por tanto para el expresionismo cinematográfico alemán. Kubin además fué amigo de Kafka, y no sorprende leyendo "La otra parte", la cual tiene algunos elementos muy parecidos a las obras de éste.

"La otra parte" es un libro que tras su lectura deja un recuerdo realmente extraño. Las 51 ilustraciones que lo acompañan (muchas veces bosquejos rápidos) ayudan a este sentido de la extrañeza. Tiene algo de sueño y pesadilla, y la sensación claustrofóbica, gris y melancólica que va dejando a su paso es inenarrable: Sería algo así como una distopía emplazada a principios de siglo XX y en una región oriental. La historia cuenta cómo un dibujante alemán (tal vez el alter ego del propio Kubin) es contactado por un antiguo compañero del colegio para que se reúna con él en su país-experimento. Su amigo, un tal Patera, ha fundado un país al margen del mundo: El Reino de los Sueños. Una extensión de tierra rodeada por un enorme muro, cuya entrada sólo es posible mediante la invitación de Patera. Lo más emocionante del libro es la descripción que Kubin va tejiendo de ese extraño lugar, cuya capital se denomina Perla. Una ilustración opresiva, oscura y decadente de la propia humanidad. En Perla no se permite absolutamente nada moderno, ni siquiera la tecnología, todo en esa inventada sociedad es viejo y antiguo. Algunos pasajes de la novela recuerdan vívamente a "El Castillo" de Kafka, sobre todo cuando el protagonista intenta una y otra vez, sin éxito, entrevistarse con Patera en el Palacio y toda la burocracia se lo impide.

Diferenciaría dos partes muy distintas en la novela. La primera iría desde donde el protagonista viaja al Reino de los Sueños y va conociendo poco a poco sus pequeños y grandes secretos. La segunda abarcaría la destrucción y desaparición de Perla, que coincide con la llegada a la ciudad de un tal Hércules Bell, un americano que intenta hacerse con el poder. La primera parte yo la tildaría de embriagadora y lúcida. Un festín fantástico de creatividad e imaginación. La segunda parte se me hizo pesada y dura de leer. De alguna manera la descomposición del Reino de los Sueños supone una especie de trauma, de agonía dilatada, el lector queda en tierra de nadie, observando la extrañeza que supone la surreal deconstrucción y lentísima muerte de Perla. La pseudomonarquía que antes imperaba en el reino, bajo la influencia de ese misterioso (e invisible o autómata) personaje de Patera, se transforma en pura anarquía de la propia naturaleza: locura, orgía, violencia... Lo cual parece estar escrito como a trompicones fragmentarios, sin la sucesión narrativa que existía en la primera parte.

Además de Kafka, leyendo el libro es inevitable que el nombre de E.T.A. Hoffmann no nos venga a la cabeza. Hesse citó en alguna ocasión ésta novela como una especie híbrida entre Meyrink, Poe y Kafka.

viernes, 28 de noviembre de 2008

Cuentos de terror; de Guy de Maupassant




Guy de Maupassant
(1850-1893) es recordado como uno de los más grandes escritores de cuentos, y de ellos los más recordados son aquellos que exploraron el terror y la locura. Inspirado por su amigo y mentor Gustave Flaubert, decidió dedicarse a la literatura. Aunque sólo llegaría a publicar cinco novelas (destacaron Bel Ami -1885- y Una vida -1883-) sería con los más de trescientos relatos que llegaría a escribir con los que se ganaría la fama.

“Nuestro gran tormento en la vida proviene de que estamos solos y todos nuestros actos y esfuerzos tienden a huir de esa soledad”

Maupassant
corrió por el filo de una navaja demasiado afilada y terminó cortándose con la locura. Sus últimos años quedaron preñados de obsesiones que, de cierta manera, le permitieron el punto de vista de lo extraño, del otro lado de la razón. Mientras se volvía loco él iba proyectando en sus relatos, mediante la observación propia, la acción crónica y lenta pero inexorable de lo "horrible" acercándose hacia él.

He podido leer recientemente dos volúmenes recopilatorios de cuentos publicados en castellano: La madre de los monstruos y otros cuentos de locura y muerte; y El Horla y otros cuentos de crueldad y delirio (estos comprenden relatos, en su mayoría, de 1881 hasta 1887); y en ellos encontramos la observación acongojada del autor por sus propias sensaciones y reflexiones sobre la muerte, el delirio y la locura, el desdoblamiento, la frustración por el amor inalcanzable, el fetichismo... un camino que le lleva en 1892 al intento de suicidio y a su internamiento en la clínica del Doctor Blanche, para morir sólo un año más tarde. Estos cuentos están escritos de una manera rápida, nerviosa y ágil, repletos de exclamaciones y preguntas, como buscando desesperadamente un oído, una respuesta a sus interrogantes y miedos. En muchos de ellos utiliza un estilo cuasi-periodístico, utilizando noticias recientes para realizar reflexiones sobre la culpabilidad o la locura, o los propios avances médicos de la época sobre el sistema nervioso para explicar las sensaciones extrasensoriales o sobrenaturales (Como los estudios de Charcot). Y en otros es el mismo autor el que se viste con la subjetividad del personaje, y relata desde la mismísima locura y terror la historia.

De entre los que he leído destacaría: El Horla (con multitud de simbolismos hacia lo "invisible" y tal vez su cuento más conocido), La mano (relato sobrenatural sobre la mano de un muerto, y que hace referencia a una mano disecada que el propio Maupassant conservaba), El miedo (que explora precisamente el significado del miedo de forma eficacísima), La madre de los monstruos (relato sobre la terrible aberración de la que una madre era responsable), o La cabellera (relato sublime sobre obsesión y enfermizo fetichismo).

lunes, 17 de noviembre de 2008

Moby Dick; de Herman Melville

Moby Dick siempre había estado ahí, esperando. No había momento oportuno para comenzar su lectura. El libro iba acumulando polvo y meses sobre sus lomos. Llosef ya me había recomendado su lectura inmediata, y me había insistido y puesto en alerta sobre la urgencia de reparar ese error contínuo que suponía la no lectura de este clásico. Pues bien fué, durante Abril de éste año cuando, medio en broma medio en serio, Llosef me propuso lo siguiente: "Si te empiezas a leer Moby Dick yo me leo la triología de Gormenghast". Y así fué.

El barbudo de Herman Melville, afamado por las cachalóticas proporciones de su barba, nació en Nueva York, y fué gran amigo del escritor Nathaniel Hawthorne (figura clave en los orígenes de la literatura estadounidense). Las primeras novelas de Melville recogieron su experiencia en viajes alrededor del mundo como marino (Typee, Mardi...), y tras ellas comenzaría a decantarse por un estilo más filosófico o metafísico: Moby Dick (1851), o Pierre o las ambigüedades (1852), que no tuvieron mucha aceptación en su época. También escribió cuentos importantes como el impresionante Bartebly el escribiente o Benito Cereno (ambos publicados en 1856).

Situémonos. Un año antes de la publicación de Moby Dick (1851), Hawthorne publicó la simbólica y alegórica "La letra escarlata" y en Inglaterra Charles Dickens su semi-autobiográfica "David Copperfield". En esa misma década se publicaron clásicos como "La cabaña del tío Tom" (1852) de Harriet Beecher Stowe, "Madame Bovary" (1857) de Flaubert o "La mujer de blanco" (1860) de Wilkie Collins. Ante todo, Moby Dick, es una de las obras más ambiciosas jamás escritas. Y como consecuencia de ello, a mi modo de ver, su lectura es una experiencia totalmente agotadora. No es sólo una novela, pues una novela cuenta una historia del tipo: presentación, nudo y desenlace; y aunque en la novela también aparezca una trama con forma de tríada, considerar Moby Dick como sólo una historia sería quedarnos a las puertas de una enorme mansión llena de habitaciones. Através de la estructura de la narración, Melville nos hace partícipes de su propia obsesión: escribir una obra absoluta, monográfica y rigurosísima sobre la caza de la ballena. Para ello comienza con una extensa colección de citas que hacen referencia a ese gran cetáceo: desde la Biblia, pasando por, Plutarco, El paraíso Perdido, o Shakespeare, hasta manuales y diarios de marineros.

La obra se inicia presentando al narrador: "Llamadme Ismael" y através de 135 capítulos y un epílogo, se nos sumerge primero en Nantucket (La tierra lejana), isla de Massachusetts, y desde allí en el Pequod, el barco ballenero. El viaje o búsqueda que se realiza por parte de su capitán Ahab, no es una búsqueda cualquiera: su significado tiene que ver más con el orgullo y la venganza (el hybris griego que destruye la armonía), con la monomanía, el solipsismo, con el grado de obsesión, su único sentido de vida es dar caza a la gigantesca ballena albina que le arrebatase la pierna tiempo ha. El simbolismo de este planteamiento tiene muchas vertientes: Ahab, nombre bíblico de un rey malvado y enemigo de los profetas, comienza una búsqueda cuyo objeto inspira tanto admiración como terror. La rara blancura de la ballena, que implica pureza, pero también anormalidad, extrañeza, y espanto, implica algo tanto divino como demoníaco. Puede tener implicaciones de una búsqueda mucho más allá que la puramente material: la búsqueda mística del Dios cristiano. Como a la ballena, a la que todos temen, Dios inspira tanto terror como amor. Además, el Pequod se convierte en una especie de arca de Noé, que lleva en su seno la más rica colección de razas del mundo entero. Es pués Ahab, el maquiavélico rey, el que lleva a la humanidad hacia el desastre de retar al mismísimo Dios. Y como dijera Esquilo en "Los Persas": Pues al florecer hybris el fruto es la ceguera, cuya cosecha es rica en lágrimas (...) Zeus castiga con la venganza a la soberbia excesiva y exige cuentas extrictas. De éste modo la venganza de Ahab se convierte en algo mucho mayor que un simple nivel personal: se va tildando de lo universal.

Melville, con un pulso lento y firme, con una prosa poética deliciosa, va dibujando la médula de Moby Dick. Y mientras lo hace, nos va explicando las vicisitudes del marinero ballenero, y va intrincando una especie de ensayo sobre la ballena y su pesca: su fisionomía, los tipos de ballenas que se conocen, su clasificación, el envasado de su aceite; que se va convirtiendo, con el paso de las páginas, en una apología hacia el trabajo bien hecho. Todo ello sazonado con referencias multitudinarias hacia los libros de la Biblia y guiños hacia Shakespeare. Precisamente fué esta parte la que más dura se me hizo, pues parecíanse a las páginas arrancadas de una enciclopedia antigüa, que, a mi modo de ver, rompían la fluidez de la historia. Aún así, tras la lectura completa, precisamente esas páginas dan una visión del libro mucho más orgánica y precisa, dándole una robustez tremenda, y tal vez aún más sentido a la obra.

Otras referencias anteriores a Herman Melville:
- Bartebly, el escribiente.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

El gran Gatsby; de Francis Scott Fitzgerald

Hubo un momento en el tiempo, un lugar dentro de la literatura norteamericana del siglo XX, que se denominó así misma como generación perdida (Lost Generation) o generación del fuego (Génération du Feu) o simplemente "generación de 1914". Influída por varios acontecimientos de la historia: La Gran Guerra o Primera Guerra Mundial, la época del exceso y el materialismo americano (que tuvo como consecuencia La Gran Depresión tras el crack de 1929), y la Ley Seca de 1919. Estos tres grandes acontecimientos suelen ser recogidos, de alguna u otra manera, en las grandes obras literarias de ésta "generación". Los cinco máximos representantes americanos de esta época fueron: Faulkner, Hemingway, Dos Passos, Steinbeck y Fitzgerald.

El Gran Gatsby (1925) se impregna de ese ánimo, y nos sitúa precisamente en esa calma chicha que precede a las terribles tormentas. Fitzgerald supo ver entre el falso brillo de aquel espendor: Las grandes fiestas, la ostentación, la juerga, el jazz, las lángidas mujeres echadas en sillones, las enormes mansiones de los aristócratas... un símbolo: Gatsby. Porque Gatsby resulta al final el símbolo del materialismo, no un personaje. El narrador lo presenta así: "Gatsby representaba todo aquello que desprecio sinceramente".
Fitzgerald diseccionó y plasmó esta sociedad neoyorkina en el choque de clases: Los nuevos ricos y los viejos ricos. Y les dió hasta situación ficticia: West Egg y el East Egg. Simbólicamente representa esta relación entre clases con el imposible amor entre Gatsby y Daisy. Y también el choque de clases alta y baja: Con el también imposible amor entre Tom y Myrtle Wilson.

En la novela existen momentos deslumbrantes, como en el capítulo VII, donde asistimos a la silenciosa lucha de poderes de Gatsby y Tom, una lucha cuya tensión va subiendo poco a poco hasta, finalmente, explotar. Aún así, lo más llamativo e interesante de leer El Gran Gatsby en ésta época, es ver cómo el hombre es capaz, de nuevo, de tropezar en la misma piedra. Hago una comparación, casi ineludible, entre el crack del 29 y la "crisis" actual, consecuencia las dos del derroche y acaparación de unos pocos, casi siempre los mismos.