(Dado que en la anterior reseña tanto Knut como el señor Sinclair me animaban a leer Mis circunstancias de Trondheim, y Llosef no tanto; me he decidido a componer mi propia opinión al respecto. Desgraciadamente no lo encontré en la biblioteca, pero sí otra obra suya autobiográfica posterior. Así que... )El prolífico francés Lewis Trondheim fué uno de los fundadores de la editorial independiente L'Association, junto con David B. o Jean-Christophe Menu. A su vez, Trondheim, conjugó L'Associaton con su trabajo como guionista y dibujante, destacando entre otras obras: Mis circunstancias (1993-1994), Las aventuras de Lapinot (1994-2004) y La mazmorra (desde 1997) junto con Sfar y otros autores.
Tronheim, através de su ya habitual manera de antropomorfizar personajes, presenta una historia autobiográfica -al estilo de Mis circunstancias, del propio Trondheim, y de Diario de un álbum, de Dupuy y Berberian-. En ésta ocasión, el autor reflexiona sobre una pequeña crisis personal: No había parado de crear desde hacía catorce años, pero ahora lleva ochenta días sin trabajar en ningún cómic. Lo cual le hace preguntarse ¿Envejecen mal los autores de cómic? ¿Estaré yo perdiendo facultades? La misión de Trondheim será desentrañar las cuestiones a lo largo de éste comic.
Para responder la vital pregunta que adolece al autor, así como para desocuparse y crear un nuevo álbum, éste se enfrasca en una búsqueda personal en forma de diario desde junio hasta septiembre de 2004. Por eso este comic se convierte en metacomic: En un cómic que habla de autores de comics y a la vez en el proceso motivacional que construye el cómic que estamos leyendo. Pero a la vez se realizan analogías entre el comic, el cine, la pintura y la literatura, lo cual eleva la reflexión a un nivel más global: al creativo, en general.
Su búsqueda le lleva a hablar con multitud de colegas de profesión. Por el álbum podemos ver desfilar a grandes del comic europeo antropomorfizados: Moebius (Blueberry, El incal), Christophe Blain (Isaac el pirata), David B. (La ascensión del gran mal), Sfar (La mazmorra, el gato del rabino), Dupuy y Berberian (Diario de un álbum, El señor Jean), etc. Y también encontramos reflexiones de Uderzo (Asterix), Franquin (Spirou y Fantasio, Tomás el gafe), Hergé (Tintín), Spiegelman (Maus)... y notas sobre Herriman (Krazy Kat), Bill Watterson (Calvin y Hobbes)... Y le lleva a pensar sobre temas relacionados con ese "envejecimiento" del autor de comics: La depresión, el alcoholismo, la falta de ideas, la repetición, etc.
La verdad es que Desocupado me ha gustado mucho. La neurosis obsesiva de Trondheim, y su preocupación, lejos de resultar pedante deja una sensación muy buena: El propio autor se ríe sanamente de sus preocupaciones de "artista privilegiado"y a la vez reflexiona profunda y hábilmente sobre los autores y sobre los comics desde "dentro". Muy recomendable.






