miércoles, 13 de febrero de 2008

La nube púrpura; de M.P. Shiel



Hablamos del segundo rey del reino de Redonda. Un respeto. Ya sea como M.P. Shiel o como Rey Felipe, estamos ante un grande. Este inglés de adopción, escribió una pseudo triología (cuyas novelas no tienen nada que ver unas con otras) de ciencia-ficción cuyos títulos fueron "The Last Miracle" (1906), "The Lord of the Sea" (1901) y "The Purple Cloud" (1901). La más interesante, y por la que posteriormente ha sido recordado y encumbrado como autor de culto, ha sido justamente la última citada: "La Nube Púrpura".

El género que utiliza Shiel en esta novela es el que, dentro de la ciencia ficción, se ha dado en llamar como "el último hombre", subtítulo que también ostentarían obras como "The last man" (1826) de Mary Shelley o "I'm a legend" (1958) de Richard Matheson. Se trata ni más ni menos que plantear qué pasaría si, por h o por b, sólo quedase un hombre vivo sobre la tierra. Y la de Shiel es, sin duda alguna, si no la mejor, una de las mejores novelas de este género.

Se diferencian muy bien tres partes dentro de "La nube púrpura". La primera parte de la novela nos presenta un apasionante y absorbente viaje en barco al Polo Norte. Funciona muy bien como novela de aventuras, a la manera que lo hacen los viajes extraordinarios de Julio Verne, por poner un ejemplo explícito. Pero Shiel no se queda en un planteamiento de la aventura "formal". Va más allá, mucho más allá de eso. La brutalidad que nos muestra está lejos de los formalismos de Verne.

La segunda parte sigue siendo una novela de aventuras, pero introduciendo de lleno una disección metafísica del hombre. De hecho, el protagonista, Adam, llega a emparentarse con el mismísimo Dios, pensándose amo y señor de todo el mundo. Es como si se tradujese en acción la mismísima teoría geocéntrica de Tolomeo, una especie de delirio de grandeza cuyo centro es el último hombre. Las disquisiciones están en el plano religioso y moral: El hombre tiene dentro de sí la capacidad de la construcción/bondad y la capacidad de la destrucción/maldad. Esta bidimensionalidad del hombre se presenta a modo de Fuerza Blanca y Fuerza Negra, y es expuesta en el libro através de las voces que Adam escucha en su cabeza cada vez que se plantea si algo debe hacerse o no. De alguna forma se podría decir que su incosciente funciona a modo de Metatrón o voz de Dios. En este plano seguramente Freud hablaría de ese inconsciente partiendo del ello (lo que quiero hacer) y del superyo (lo que debo hacer). Apunto esto último simplemente para hacer ver la amplitud de interpretaciones que podrían hacerse al texto: Religioso, psicológico, filosófico...

En la tercera y última parte de la novela encontramos el dilema ontológico para el protagonista, que siente el peso entero del destino de la humanidad sobre sus hombros. Supone una vuelta a la humanización del personaje. El ideal, al que se siente absolutamente unido, queda redimido por su capacidad de amar, capacidad a la que se siente incapaz de hacer frente. Una vez más estamos ante una dicotomía moral: Lo bueno y lo malo. Adam libra una batalla interior entre lo que quiere para la humanidad y lo que le gustaría para él mismo. Unidad y conjunto, el todo y la parte.

Hay que hacer notar que Shiel hace llamar a éste último hombre como Adam que obviamente deriva de Adán: El primer hombre según el Génesis. Lo cual es una auténtica metáfora. Aunque no diré más para no destripar los entresijos de esta magnífica novela.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Buf! Está claro que tendré que releerla, porque en su momento se me entojó un truño de espanto (la parte final, con esa novieta que se encuentra... ¡ay! Ni Hodgson cuando se pone blandengue cae tan bajo).

Confieso que me lancé a leer esta novela hipnotizado por la lectura de su IMPRESIONANTE relato "La mansión de los ruidos", uno de mis favoritos sea cual sea el género. Y claro, la decepción fue de aúpa. Pero me alegra haber leído tu crítica, porque llevaba tiempo pensando volver a "La nube púrpura" (no se me iba de la cabeza eso de "¿pero cómo diablos no me gustó?") y esto quizá me dé el empujón final...

¡Abrazos!

Llosef

señor tascoigne dijo...

Jajaja

No sé. Hombre, a mi, en general, me gustó bastante, pero lo que me gustó de la novela es el concepto general que subyace en la narración: Ese vacío de enfrentarse a la soledad absoluta y ese gran peso de la "idea" (lo que debe hacerse con la humanidad) con la que lucha el personaje, y esa lucha constante entre ese demonio y ese dios interior. Me pareció terrible. Además el inicio de la novela es maravilloso: ese viaje al polo. Pero también he de ser sincero: hay que reconocer que ciertas partes de la novela, sobre todo del tercio final, se hacen bastante pesadas y un poco aburridas, pero de alguna manera no me importó demasiado. Aunque ahora que lo dices: Sí, la parte final, con la mujer, es bastante ñoña. Un tanto infantiloide.

Me apunto ese relato. Aunque de Shiel sólo he visto por ahí "La nube púrpura" y un libro de relatos llamado "El príncipe Zaleski".

Por cierto, ¿No te pareció fantástica la parte en la que cita a Arthur Machen? Esa infernal lucha del autor contra el tiempo, escribiendo en sus últimos minutos poemas, antes de que se los arrebatase la muerte. Me pareció uno de los momentos más bonitos del libro.

¡Abrazos!

Llosef dijo...

No me acuerdo de lo de Machen. ¡Si es que la tengo que releer! Y pienso hacerlo. Ya comentaré en el blog (ya, ya, basta que lo diga para que ahora tarde tres o cuatro años en hacerlo, pero en fin...).

El volumen de relatos editado por Reino de Redonda de Shiel titulado "La mujer de Huguenin" incluye la primera versión de "La mansión de los ruidos", que Shiel tituló "Vaila". Pero no empieces por ahí. En uno de los dos volúmenes de la antología mítica "El horror según Lovecraft" (que en su época editara Siruela, en su colección El ojo sin párpado) se incluye este relato, en parte emparentado temáticamente con el Usher de Poe, y al que nada debe envidiar.

¡Un abrazo!

señor tascoigne dijo...

¡Anda! No sabía que Shiel estuviera en esa antología. Mmm... De los relatos que incluye los he leído casi todos, pero estoy por sacármelo de la biblioteca sólo para leer el cuento de Shiel que dices.

¡Otro abrazote!