lunes, 31 de diciembre de 2007

Esperando a Godot; de Samuel Beckett

Publicada en 1952, Esperando a Godot es una de esas obras que se encuadran dentro del llamado teatro del absurdo. Beckett la escribió en francés como En attendant Godot (él era irlandés) para publicarla un año más tarde en inglés.

Aunque sea subtitulada como Tragicomedia, la verdad es que de cómica tiene poco. Al menos a mi no me ha hecho ninguna gracia: Su lectura es una patada directa en el estómago. Así, dicho de esta manera, puede sonar muy exagerado, pero no lo es en absoluto. Esperando a Godot es una obra que habla de la falta de sentido en la existencia humana, lo cual hace de su lectura una vivencia realmente dolorosa y (para mí) nada agradable. En ella se nos habla de dos personajes: Vladimir y Estragón, cuyo único objetivo es esperar a un tal Godot en el campo, al lado de un árbol. El nombre de Godot puede llevarnos a pensar en un título mucho más profundo "Esperando a Dios (God)", pero Beckett dijo en su día que el nombre de Godot derivaba del francés y su significado nos lleva a pensar en una bota (Godillot), lo cual no sería nada raro ya que la primera escena muestra a un Estragón quitándose las botas porque le hacen daño, y el cual se pasa toda la obra descalzo. El resumen de los dos actos es el siguiente: Vladimir y Estragón esperan a un tal Godot al lado de un árbol. Aparecen Pozzo (amo) y Lucky (sirviente, agarrado por una cuerda a modo de perro) los entretienen un rato y luego se van. Finalmente aparece un muchacho que dice que Godot no vendrá, que vendrá mañana.

En la obra hay varias escenas repetitivas que funcionan como muestra del tedio humano:

ESTRAGÓN: Me voy
(No se mueve)

o

VLADIMIR: Pero no podemos irnos
ESTRAGÓN: ¿Por qué?
VLADIMIR: Esperamos a Godot
ESTRAGÓN: Es cierto
o

ESTRAGÓN: ¿Qué hacemos?
VLADIMIR: No hagamos nada, es lo más prudente.

o su final:

VLADIMIR: ¿Nos vamos?
ESTRAGÓN: Sí, vámonos
(No se mueven)

En sí, como puede verse, en la obra no sucede nada. Y como diría Vivian Mercier: "No sucede nada, dos veces". Esto crea en el espectador/lector un desasosiego terrible. Incluso, en las dos escenas, los dos protagonistas llegan a proponer ahorcarse en el árbol por hacer algo. Ha habido muchas interpretaciones de la obra, pero tras leerla me quedo con la que desmenuza el existencialismo.
Otras entradas anteriores a Samuel Beckett:

jueves, 20 de diciembre de 2007

Maus; de Art Spiegelman

Ésta obra ganó el Pulitzer de 1992. Llamó mucho la atención que un comic ganara por primera vez un premio tan prestigioso dentro de la literatura, pero para quienes hayan leído Maus no resultará tan extraño. Además, Maus, con el paso de los años se ha convertido en referente y obra de tremenda influencia dentro del mundo del comic.

Maus (1991) son muchas cosas, y aborda muchos frentes a la vez. Tal vez lo principal sea la historia de amor entre Vladek y Anja Spiegelman, dos judíos polacos que vivieron directamente el avance del nazismo; a su vez éstos son los padres de Art Spiegelman, el autor de la novela gráfica. Pero también es la vida después de Auschwitz, lo que queda de aquello. Asusta un poco la desnudez de Art, porque no enaltece a su padre, como haríamos cualquiera, sino que lo cuenta todo: Tanto lo bueno como lo malo de él. Su padre se ha convertido en un ser agrio, obsesivo, repelente e insoportable, todo eso lo plasma Art en su comic.

El esquema general del libro nos presenta dos partes. Una donde se cuenta la historia de Vladek hasta que llega a Auschwitz, y una segunda donde se cuenta su historia durante y después de Auschwitz. De manera algo simplificada, Maus, en mayor o menor medida aborda los siguientes puntos:

-La historia de amor entre Vladek y Anja. Dentro de ésta historia se tiene en cuenta tanto la historia en el recuerdo como la presente: La pérdida y lo que provoca ésa en Vladek.
-Hechos históricos de antisemitismo. Los cuales son descritos desde el punto de vista de un judío polaco.
-Reflexiones metaliterarias. Son desgranadas por Art, describiendo cómo fué el proceso de la concepción y desarrollo de Maus. Estas se dan respecto a cómo se fué sintiendo mientras escribía la segunda parte de Maus, y cómo se tomó el éxito de la obra (cuya primera parte fué todo un bombazo, con grandes elogios par parte de crítica y público).
-Simbología de animales: Los personajes no son humanos, lo cual hace que se abandone el posible tono sensacionalista y, de hecho, que lleguen a nosotros de forma más realista y humana. Los judíos son como ratones. Los alemanes gatos, los americanos perros. Nótese el juego: Los gatos odian a los ratones, y los perros persiguen a los gatos.
-Relación tortuosa entre Vladek y Art (padre e hijo).

Algunas escenas son terribles: La que más me impresionó fué la descripción de los hornos crematorios, pero también hieren varias escenas que imponen la supervivencia por encima de todo, las escenas que hablan del hambre, pero también las que muestran que la humanidad puede abrirse camino a pesar del máximo sufrimiento.

Se hace duro en muchos momentos leer Maus, pero nunca hay que olvidar lo que está escrito en éste comic.

Meridiano de sangre; de Cormac McCarthy

Con Meridiano de sangre (1985) he vuelto al subrayado de los libros. Actitud que había abandonado y que éste libro ha vuelto a extraer de mí. McCarthy ha saltado éste año a la palestra informativa gracias al Pulitzer que ha ganado éste mismo año por el libro "El camino". por tanto su prosa está de tremenda actualidad. Pero poco se sabe de él en realidad. Hay como una especie de leyenda entorno a su persona dado que no concede entrevistas. Es autor de la Triología de la frontera [Todos los hermosos caballos (1992), En la frontera (1994) y Ciudades en la llanura (1998)] o Suttree (1979).

A partir de ahora me referiré a varios pasajes del libro acudiendo a su localización en él. Me referiré siempre a la edición de debolsillo en su colección "Contemporánea"(Febrero, 2006). Además hablaré de aspectos de la historia que destriparían el libro para quien no lo haya leído: Aviso.

Éste, es uno de esos libros, si es que se puede acudir a generalizarlo de esta manera, que leídos de forma superficial resultan brutales e incluso sórdidos. Habrá muchos que se queden sólo con eso, que ojo, ya es muchísimo: La sangre derramada, la visceralidad con la que se describen ciertas secuencias, la repugnancia de ciertas imágenes. Pero creo que quedarse sólo con eso sería quedarse con algo del todo externo. Algo que le sirve a McCarthy para asir algo mucho más grande que el simple hecho de escandalizar al personal.

A nivel argumentativo, Meridiano de sangre, cuenta la historia del terrible e implacable Juez Holden a través de la mirada de un chaval (del que desconocemos nombre, pero que el juez llama Blasarius, pg 121). Ambos se encuentran en la frontera entre Estados Unidos y México del siglo XIX imbuídos en una especie de grupo expedicionario cuya misión es la de perseguir y asesinar a todos los indios de la región meridional. Éste grupo está liderado por Glanton, y en él también van el Juez, el chaval, un ex-cura llamado Tobin, el amigo del chaval: Toadvine, los hermanos Brown, dos tipos llamados Jackson (uno blanco y otro negro), y otros más.

Habría que hacer muchos apuntes al libro. El libro es una especie de explosión dentro de la cabeza de quien lo lee, lleno de capas y subcapas que exigen desentrañarlo para determinar toda su riqueza. A nivel estético choca el minimalismo en los diálogos, que se hayan insertados en el propio maremagnum descriptivo, con el rico y recargado nivel lírico en los paisajes mexicanos que se van sucediendo. Lírica sería la palabra para definir Meridiano de sangre, tal vez lírica y destino. Pero no es una lírica que acude a las metáforas facilonas, no. El propio libro es una rica y gigantesca metáfora sobre el destino. Incluso el propio juez parece ser un símbolo terrible.

Éste juez, simbólicamente, tiene la apariencia y el halo de un dios vengador, quien dictamina el destino (en mayúsculas) de quienes lo acompañan. De hecho, referido a éste, en los salmos se cita "levántate, juez de la tierra, y da su merecido a los soberbios". desde el punto de vista religioso "el destino" es un plan creado por Dios que no puede ser modificado de ninguna manera. Su primera aparición es, precisamente, ante un reverendo al que tilda de impostor y violador de muchachitas. Sus palabras son causa del linchamiento del mismo reverendo.

El Juez se alza como personaje renacentista y filósofo, científico e historiador, cuya crudeza y visión de vida es tan brutal que los mismísimos asesinos le temen. se nos parece rápidamente al Kurtz de "El corazón de las tinieblas" de Conrad. El Juez juega, como lo hace el destino con los hombres (pgs 146-147):

Varios le citaron las Escrituras para rebatir su ordenación de las eras a partir del caos primigenio y otras suposiciones apóstatas. El juez sonrió.
-Los libros mienten, dijo.

-Dios no.

-No, dijo el juez, dios no. Y estas son sus palabras-Les mostró un pedazo de roca-Él habla por mediación de los árboles y las piedras.

Los harapientos intrusos se miraron asintiendo con la cabeza y no tardaron en darle la razón, a aquel hombre instruído, en todas sus conjeturas, cosa que el juez se ocupó de fomentar hasta que los hubo convertido en prosélitos de nuevo orden solo para después burlarse de ellos por ser tan tontos.


Otro de los puntos reveladores dentro del esquema general del libro es algo que, al principio, puede parecer casi anecdótico, pero que una lectura más detenida se nos muestra como de vital importancia. Me refiero a la lectura de la buenaventura, a la tirada de cartas del tarot, que realiza uno de los saltimbanquis o malabaristas a algunos de los integrantes de la compañía que capitanea Glanton (pgs 118 a 124). Referente al tarot, se suele decir que sus arcanos mayores (las figuras) son los símbolos arquetípicos del destino. En el fragmento de "Meridiano de sangre"el personaje de Jackson, el negro, saca la carta del tonto y se le dice que: Su destino es el destino de toda la compañía. Él no comprende nada y el Juez le dice:
-Creo que viene a decir que en tu suerte está la suerte de todos nosotros.
-¿Y cual es esa suerte?

El juez sonrió bonachón, su frente fruncida parecía la de un delfín.

-¿Tú bebes, Jackie?

-No más que algunos.

-Creo que ella te previene contra el demonio del ron. Prudente consejo ¿No te parece?


El caso es que, el la batalla final, una batalla contra los indios yumas, Jackson, que está totalmente borracho, es el primero en ser abatido. Luego, los demás serán uno a uno asesinados.

Siguendo con la lectura de la buenaventura, al echarle las cartas a Glanton, el jefe, éste saca el carro, la tarotista dice (pgs.123-124):
La carroza, la carroza. Invertida. Carta de guerra, de venganza. La ví sin ruedas sobre un río oscuro. Carroza de muertos, llena de huesos.
Luego descubrimos, al final del libro, que la venganza es la de los yumas, y que se sucede al lado de un río, y que prácticamente todos morirán. Una vez más se ahonda en el significado del destino, como algo que ya fué predispuesto para todos mucho antes de que todo sucediera.

Siguiendo en éste sentido, el Juez siempre lo escribe todo en un cuaderno que lleva consigo. Es significativo que en mitología griega se hable de Moros, la deificación del Destino y la condenación inminente cuyo significado sería disolución. Y que todo esté ya escrito. Preguntado el Juez por Toadvine sobre cual es la pretensión de sus anotaciones responde (pgs. 242-243):

Todo aquello que existe, dijo. Todo cuanto existe sin yo saberlo existe sin mi aquiescencia (...) sólo la naturaleza puede esclavizarnos y solo cuando la existencia de toda entidad última haya sido descubierta y expuesta en su desnudez ante el hombre podrá éste considerarse sobrerano de la tierra (...) ésta es mi persistencia, dijo. Y sin embargo hay aquí multitud de zonas aisladas de vida autónoma. Autónoma. Para que yo la posea nada debe ocurrir en ella al margen de mi providencia (...) El hombre que cree que los secretos del mundo están ocultos para siempre vive inmerso en el misterio y el miedo. La superstición acabará con él. La lluvia erosionará los actos de su vida. Pero el hombre que se impone la tarea de reconocer el hilo conductor del orden de entre el tapiz habrá asumido por ésta sola decisión la responsabilidad del mundo y es solo mediante esa asunción que producirá el modo de dictar los términos de su propio destino.

Al final, como colofón del libro se presenta una significativa conversación entre el muchacho y el Juez, que , de alguna manera, define el sentido de todo el libro (pgs 388 a 391):

-Bebe- dijo el Juez- Vamos. Puede que esta noche tu alma sea reclamada (...)
-Te reconocí la primera vez que nos vimos y ya entonces me decepcionaste un poco-Dice el Juez- Ahora también. Aun así, al final te encuentro aquí conmigo.
-Yo no estoy contigo.

-¿No?

-Yo no he venido en tu busca.

-¿A qué, entonces?
-¿Qué quiero de ti? He venido por lo mismo que cualquiera de estos.

-¿Y cual es ese motivo?

-El que los ha traido aquí.
-Para pasar un buen rato.
(...)
-No todo el mundo necesita tener una razón para ir a alguna parte.

-En efecto-Dijo el Juez- No necesitan tener una razón. Pero su indiferencia no altera el orden de las cosas (...) Lo expondré de otra forma. Si es así que ni ellos mismos tienen un motivo y si es así que están efectivamente aquí ¿No será que es otro quien tiene motivos para que hayan venido? Y si esto es así, ¿Sabes quien podría ser ese otro?

-No, ¿Y tú?

-Le conozco bien.

(...)
-Cada hombre busca su propio destino y el de nadie más-Sigue el Juez- Lo quiera o no. Aunque uno pudiera descubrir su destino y elegir en consecuencia un rumbo opuesto solo llegaría fatalmente al mismo resultado y en el momento previsto, pues el destino de cada uno de nosotros es tan grande como el mundo que habita y contiene en sí mismo todos sus opuestos.

Grande. Muy grande éste libro.

lunes, 10 de diciembre de 2007

París-Londres; de Joan Sfar

No conocía la obra de Joan Sfar antes de leer éste maravilloso comic, pero he podido comprobar que éste francés es un dibujante de gran versatilidad y una incontenible creatividad. Entre sus obras más destacadas se encuentra la serie El gato del rabino (que aún sigue publicándose en la actualidad) o el enorme proyecto de La Mazmorra (junto al guionista Lewis Trodheim).

París-Londres (1998) es un descojone absoluto, así es cómo calificaría éste comic. Me lo he bebido en un santiamén, porque, además, es fluido como el aceite caliente, y va resbalando por los ojos todo ello facilitado, eso sí, por ese estrafalario y descuidado estilo de dibujo que le va como anillo al dedo a la historia.

El París-Londres es una enorme embarcación que hace, precisamente, el trayecto entre París y Londres atravesando el canal de la Mancha. Lo que nadie sabe es que esa embarcación lleva al terrible Herr Krupp cuya malévola ambición es secuestrar al monstruo del lago Ness y llevárselo a Baviera para construir allí una infraestructura hotelera y así hacerse rico. Para impedirlo, el comendador Crow cuenta con la ayuda del vidente hindú Giant Pacha, el gracioso francesito Ossour y los tres caballisteros. Así, se suceden situaciones tan absurdas como el ataque senil de un batallón de clones de Herr Krupp, la sistemática violación de la tripulación del París-Londres por parte de cincuenta ninfómanas totalmente salidas, delirantes discusiones metafísicas sobre la posible dicotomía amor-sexo, o la comunicación telepática con una mujer pelirroja que se halla en el estómago del monstruo del lago Ness. Graciosísimo.

Madre, vuelve a casa; de Paul Hornschenmeier

Paul Hornschenmeier es otro de esos autores fantásticos nacidos en 1977. Su obra cumbre, hasta el momento es éste Madre, vuelve a casa (2004). Pero además de ser una de las esperanzas y grandes futuros valores del comic undeground americano, también tiene un grupo de música llamado Arks que éste mismo año han publicado disco: The international.

Madre, vuelve a casa; de
Paul Hornschenmeier es una de las lecturas más desgarradoras y sinceras que he podido experimentar en muchísimo tiempo. Ciertamente se nota la influencia del Maus de Art Spiegelman (sobretodo al abordar la relación padre-hijo). Cuando lo acabé no pude menos que gritar: Joder! esto no puede estar pasando!. Y desde entonces, y ya ha pasado más de una semana, no deja de aparecer la triste huella de éste grandísimo comic. Lo surca un camino denso de simbolismos que ejemplifica muy bien las dificultades encontradas y medios utilizados por un padre y un hijo a la hora enfrentar el duelo, la muerte de esposa y madre respectivamente. La historia está narrada desde el punto de vista del niño, de siete años, lo cual hace que la mirada sea aún más dolorosa y cruel. Y los colores utilizados, unos tonos sepia preciosos, armonizan fielmente con el tono argumental. Pero lo más terrible, lo más dificil de encajar es el final, un final que, al menos a mí me trastornó muchísimo, y que no deja de regresar melancólicamente a mi cabeza desde que lo leyera, además de la bomba que produce una fotografía justo cuando lo hemos terminado de leer, dejando entrever que la historia es autobiográfica, y que él, Paul Hornschenmeier, tal vez fuera aquel niño.

Trazo de tiza; de Miguelanxo Prado

Este coruñés, inició su andadura como dibujante allá por los años ochenta, y entre otras cosas colaboró con El Jueves. A partir de los años noventa su obra se hace más escasa y latente, pero crea una obra total como Trazo de tiza (1993). Después su carrera ha ido por otro desrroteros, especialmente por el de la animación. Éste mismo año ha creado De Profundis (2007), película de animación con guión y dirección suyos.

Trazo de tiza parte de la premisa de una conversación que tuvo Bioy Casares con Jorge Luis Borges. En ella Bioy expresa la polémica intención de escribir una novela en primera persona cuyo argumento estuviese sesgado por un narrador que omitiese o desfigurara los hechos, incurriendo así en ciertas contradicciones, y permitiendo sólo a unos pocos a acceder a una realidad bien distinta a la narrada.

Partiendo desde aquí Miguelanxo comienza una historia sencilla: un hombre, Raúl, llega en su barco a un islote que solo posee un espigón, una taberna y un faro deshabitado, además de sólo dos habitantes: Sara, la tabernera, y su hijo, contando también con las cientos de gaviotas que transitan su cielo. Allí Raúl conoce a Ana, una mujer que está de paso y que parece esperar a alguien que escribió en la pared del espigón su nombre. Raúl se enamora de ella, y trata una y otra vez de acercarse a la intrigante vecina de barco. Ésta historia da un vuelco al final, donde nos damos cuenta que Ana estaba esperando al mismísimo Raúl, y que Raúl era la persona que había escrito aquel mensaje en el espigón. Dando a entender que la realidad se había desdoblado: Raúl ya había escrito el mensaje antes de llegar por primera vez a la isla, y Ana había leído ese mensaje del espigón un año antes de que Raúl la conociera.

A mi modo de ver el quid de la historia está en esto que piensa Ana al final del capítulo tercero: “El faro, el dique, Sara y su hijo…todos son, tomados por separados, perfectamente banales. Es el conjunto lo que resulta inquietante” “La isla es un puzzle en el que las piezas encajan por su forma, pero no componen la imagen lógica esperada”.

Además de ésta magnífica historia, magnífica porque va más allá de lo escrito o dibujado, dejando en manos del lector la interpretación; Miguelanxo Prado usa una técnica artística portentosa, haciendo de cada página una sucesión de cuadros de fantásticos colores.

Bardín el superrealista; de Max

Max ha sido recientemente galardonado con el Premio Nacional del Comic de 2007, por, precisamente, Bardín el superrealista (1999). Y creo que se lo merece. Por Bardín y por su extensa carrera como ilustrador.

Para mí ha sido un gran descubrimiento éste Bardín y éste Max. El album gira entorno a las aventuras y desventuras de Bardín, un españolito escéptico, al que un día el perro andaluz le otorga una serie de poderes surrealistas. (en realidad surrealismo, en castellano, debería llamarse superrealismo). El mundo de Bardín, a partir de entonces, girará entorno a la experiencia surrealista: cadáveres exquisitos, palíndromos, paisajes dalinianos, referencias a Max Ernst a Magritte, homenaje a Buñuel, los manifiestos, la experiencia onírica (en ésto será muy importante el cuadro “La pesadilla” de Füssli), la aparición mística, la obsesión por los ojos… e incluso el onanismo.

A destacar dos de sus historias: Bardín y Onán, y El ruido y la furia. En la primera “a veces el hombre tiene que atender a ciertas necesidades” y así Bardín, al que “repugna derramar inútilmente tanta vida” crea el bienllamado “sementerio”. La segunda es una historia sensacional e inquietante que toma como base el citado cuadro de Füssli y nos presenta a un Bardín durmiendo que se rebela en sueños a todos sus monstruos interiores, llegando a encontrarse a sí mismo en el sueño. Tremendo. Tremendísima historia que ataca directamente a la sensibilidad atávica del lector.

Stuck Rubber Baby; de Howard Cruse

Esta es, por ahora, la más afamada obra de Howard Cruse, éste autor anteriormente reconocido en la escena comiquera gay underground, es ahora un autor grandemente reconocido en todos los ámbitos del comic, gracias, sobretodo, a ésta novela gráfica.

En ésta novela gráfica, Stuck Rubber Baby (1995), de unas doscientas páginas, convergen temas como el integracionismo racial (recordando al ku klux klan), la dura política sureña americana (recordando a las banderas confederadas), y a la represión sexual. Todas ellas apuntan hacia el protagonista de la historia: Toland, un homosexual cuya estricta moralidad le impide aceptar su sexualidad real, y se esfuerza una y otra vez por convertirse en un perfecto heterosexual dándose cabezazos una y otra vez contra la realidad. Su historia viene enmarcada por la era Kennedy (años en los que se luchaba por los derechos civiles en el sur de los estados unidos, aún retrógrados), y una familia que le ha inculcado una educación conservadora (La imperante entre las familias blancas del sur). La historia está tan bien estructurada que da una seria impresión artificiosa. Como si nos contasen un cuento tan tan tan moralista y con tanto afán concienciador que perdiese fuelle en el camino. Además, Toland, me parece un personaje insulso y vacío al que he llegado a odiar profundamente en la lectura del comic. El personaje simplemente se va dejando llevar por los acontecimientos que van sucediéndose, como mero espectador de su propia vida. ¡Es horrible! Poco a poco se ha ido convirtiendo en un ser detestable, página a página, y me he descubierto en unas cuantas ocasiones con el “será estúpido” en los labios. Incluso los pasajes que deberían tener una gran carga emocional (atentados, asesinatos, revelaciones escandalosas) quedan un tanto insulsos e incluso rozan el patetismo. Psicológicamente los rasgos de los personajes, hablando de forma muy general, me parecen planos, y pensando en ello creo que en ésta sensación ayuda mucho el hecho de que los dibujos (eso sí muy meticulosos) abunden en la simpleza de los gestos y rasgos faciales, siendo cada viñeta una especie de fotocopia de la anterior.

En fin, una novela gráfica escrita y dibujada de forma burda. Una pena. Aún así ésta novela ganó un Eisner y un Harvey (1995). En fin, peores cosas he leído, pero…

Contrato con Dios; de Will Eisner

"Contrato con dios" (1978) fué una de las pioneras novelas gráficas, que no la primera. Ya antes se habían publicado "El eternauta" (1957) de Hector German Oesterheld o "Bloodstar" (1976) de Richard Corben. En ella Eisner, a través de un grafismo que prescinde de viñetas y que hace uso de una tinta en sepia, desarrolla cuatro historias ambientadas en el Nueva York de los años treinta. las tres primeras tienen como referencia los tenements (construcciones de apartamentos típicos) del Bronx.

La primera de éstas historias habla de un judío que grabó cierto contrato con dios y que, tras cierto suceso trágico, lo rompe resentido. A partir de entonces se convierte en un hombre ávaro.

la segunda habla de forma irónica de un cantante callejero al que todo le va mal y que, cuando tiene la oportunidad de cambiar su vida, lo echa todo a perder.

La tercera trata de un asqueroso súper usurero (un administrador de los tenements) que es seducido por una áun más perversa jovencita.

La cuarta de las historias se sucede en las afueras de la ciudad, y retrata las vacaciones de una familia en el campo. El tema principal es el amor, una disección un tanto particular y triste del amor y sus fachadas hipócritas.

El semblante de todas las historias es muy agridulce. De tono sórdido y crudo, muestran un lado implacable y triste de la vida, donde el pesimismo es la nota dominante. Las alusiones al sexo, a la violencia doméstica, al materialismo y al clasismo (y a los juegos de engaños) son frecuentes a lo largo de toda la obra.

Otras entradas anteriores de Will Eisner:
The Spirit

Los clanes de la Luna Alfana, Philip K. Dick

Tenía que hacerlo. Tenía que lavar la imagen de Dick que me había quedado tras la lectura de Doc Bloodmoney. Y bueno, ciertamente su imagen ha quedado más limpia y reluciente. Los clanes de la luna Alfana fué escrito en 1964, es decir, en pleno frenesí creativo (ese mismo año escribió unas seis novelas).

Los Clanes de la Luna Alfana
posee ese carid frenético y loco que, los que hemos leído ya varias novelas de Dick, reconocemos al instante. Imbuída en un mundo propio y futurista, aparecen simulacros, hongos ganimedianos, esquizofrénicos místicos, conspiraciones extraterrestres... pero lo mejor, y es ahí donde Dick sabe moverse como pez en agua clorada, es esa situación imaginada de una luna alfana donde van a parar todos los enfermos mentales del planeta Terra: ¡Un gigantesco hospital psiquiátrico con subgéneros sociales debidos al diagnóstico! Sólo Dick podía haberse imaginado algo así.
El problema surge, como ocurre en muchas novelas del autor de Ubik, hacia el final, donde todo se desinfla y pierde fuerza de una manera portentosa; cómo si Dick simplemente hubiese dejado morir a la novela. Una pena.
Para mi gusto no es de los mejores, pero sin duda a quien le guste leer a este autor disfrutara como un enano con ella.

Enlaces a otras entrada anteriores de Dick:
El Doctor Moneda-Sangrienta
Laberinto de Muerte

Doctor Moneda-Sangrienta; de P.K. Dick

Leer una novela más de Dick es para celebrarlo. Además, si es una de las más alabadas, de las más aclamadas por el mundo de la ciencia-ficción, aún más. De hecho he leído en varios sitios que tres libros, escritos seguidamente: Tiempo de marte (1962), Doctor Moneda-Sangrienta (1963) y Los tres estigmas de Palmer Eldritch (1964); son los más valorados por la crítica, junto, además El hombre en el castillo (1961) y Ubik (1966). Pero, sinceramente, eliminaría de esa lista el libro que acabo de leer.

Desdentado. Así he asistido al final del Doctor moneda sangrienta. Tiene grandes momentos, pero, acostumbrado a deslumbrantes finales como el de Laberinto de muerte o El hombre en el castillo o Ubik, con éste me he quedado un tanto frío. Así son las cosas, divinidades como Dick también tienen su talón de aquiles, aunque parezca mentira los dioses también tienen tropiezos. La cosmología inventada para definir la vida después de una probable catástrofe nuclear se queda coja, aunque sí que apuntaba maneras con ese hombre eternamente girando en órbita alrededor de la tierra, o ese focomelo con delirios de grandeza, o ese esquizoide paranoico de Doctor Moneda-Sangrienta. Pero, a mi entender, se queda a las puertas de ser una gran novela a la manera de otras del autor (digo esto con lágrimas en los ojos). Además, es una narración plagada de personajes vacíos que poco o nada dicen, sin citar a la tontísima de Bonny que uno no hace más que odiar una y otra vez. Qué penita pena.

Enlaces anteriores a otras obras de Dick:
Laberinto de muerte

viernes, 7 de diciembre de 2007

The Spirit; de Will Eisner

No sé cómo conocí a The Spirit. No me acuerdo. Pero sé que fué hace ya mucho tiempo. Había oído hablar muy bien de Will Eisner, y muchos lo citaban como referencia vital dentro del mundillo del comic. La verdad es que yo, cuando oía ese tipo de afirmaciones, sonreía y seguía leyendo a mis Cuatro Fantásticos, mis Daredevil, mis Spiderman o ¡mis Secret Wars!. Era lo que de verdad me gustaba por aquella época ¿Qué podía haber mejor?. Luego, como siempre ocurre, creces y te van interesando otras cosas (aunque nunca renegaré de mis queridos Cuatro Fantásticos de Byrne) me interesé mucho por el manga (ese tremendo Masamune Shirow de Appleseed o Ghost in the Shell), por la línea Vértigo, por los Miller, los Morrison, los Moore, los Gaiman. El caso es que tras años de receso me planteé el objetivo de, por fin, leer a ese gran maestro del que todo el mundo hablaba tan bien. Y he hecho los deberes.

La edición que he tenido la oportunidad de leer ha sido el primer volumen, de una serie de tres, que El Mundo incluyó en una colección, hace ya unos años, de los grandes héroes del cómic. Ésta, en blanco y negro, y en algunos momentos con una impresión horrible (he de añadir), no incluía los primeros capítulos (hablando de modo cronológico) de la serie The Spirit (que creo que aparecieron en 1940), sino que las historias pertenecían ya a mediados de los años cuarenta. La otra opción era leerlos en esas estupendas ediciones a color que la editorial “sanguijuela” Norma publica al módico precio de treinta y pico euros cada tomo. Así que me decidí por sacar ese tomo de la biblioteca. De algún modo casi prefiero haber conocido así al personaje, pues el trazo de Eisner era ya mucho más fluido que en las primeras entregas, aunque un yo más interior, mucho más sincero que éste, realmente quisiera haber leído en primer lugar las páginas de su origen. De todas formas, en las doscientas páginas de éste primer número, uno llega a conocer bastante bien la dinámica y los personajes principales, lo cual no es demasiado complicado.

The Spirit, o Danny Colt, es ya casi un icono: Un detective enmascarado que protege del crimen a los habitantes de la ciudad imaginaria Central City. Creo que casi todo el mundo podría reconocer su figura: El antifaz negro cubriendo sus ojos y la apariencia de gángster, con ese típico sombrero de ala corta casi siempre sobre la cabeza. La estructura de las historias es siempre la misma: Relatos autoconclusivos de siete páginas donde Spirit debe resolver un enigma o atrapar al criminal de turno, todo salpicado de un humor buenísimo y unas reflexiones fantásticas. Dentro de ellas, la página principal es siempre maravillosa, más que nada por esa maestría de Eisner para presentarnos la historia de la manera lo más original posible. Habría que hablar también de la gran importancia que tienen los personajes secundarios: El teniente Dolan, la histérica G’wel, Ellen (pseudonovia de Spirit e hija de Dolan), Ebony (negrito de los bajos fondos)..

Eisner, en cada episodio, usa a la perfección todos los recursos con los que cuenta el cómic, y los utiliza como base para contar unas historias fluidísimas, con diálogos mordaces, y un uso guiños bastante más serios de los que en un primer momento parecen (tal vez por estar revestidos de esa visión tan desternillante). Los guiones, aún a día de hoy, supuran ingenio por los cuatro costados. De hecho, los comics de Spirit, y la producción de Eisner en general, son considerados como cumbre y llegan al nivel de obras de culto. Y por algo, en estados unidos, los premios con mayor prestigio concedidos al mundo del cómic, llevan su nombre.

Es una auténtica gozada leer éstas historias. Un privilegio. No hay peros: Lectura obligada.

jueves, 6 de diciembre de 2007

Los mitos de Cthulhu; de Alberto Breccia y Norberto Buscaglia

Breccia, gran dibujante uruguayo aclamado por su trabajo en Mort Cinder (1962) que realizase junto a Hector German Oesterheld, se ha acercado en numerosas ocasiones al género fántastico y de terror. Ahí quedaron sus adaptaciones de varios de los relatos de Edgar Allan Poe o su adaptación personalísima y experimental de El eternauta (1969) o aquella parodia del mito del vampiro en Drácula, Dracul, Vlad? Bah! (1984). Pero también adaptaría varios de los relatos de terror cósmico del gran H.P. Lovecraft en Los mitos de Cthulhu (1973) junto al guionista Norberto Buscaglia.

Breccia supo cómo adaptar algo tan difícil. Porque, de alguna manera, Lovecraft no puede ser adaptado sin caer fácilmente en el disparate. Hay que amar místicamente lo que significan los Mitos que creara el de Providence para saber tratar el asunto con cuidado. ¿Cómo retratar la epifanía monstruosa de lo ancestral? Ser fiel, resulta ser aquí ambiguo en imágenes, porque ahí es donde se proyectan los miedos. Esto lo sabía bien Lovecraft y por eso lo recogió aquí Breccia. De ésta manera, el elenco de recursos expresivos utilizado por Breccia es enorme: Explota la experimentación mediante collages y dibujos desgarbados llenos de contrastes de luz, manchas, rasgados, dando así forma a algo que no lo tiene. Es fantástico cómo el ambiente denso e innenarrable de atmósferas como Arkham, Innsmouth o Dunwich, pueden vislumbrarse en esas imágenes brumosas y abstractas. Por otro lado, Buscaglia, reprodujo el recargado modo expresivo del autor, de tal manera que, uniéndose al ambiente creado por Breccia, conforman un opresivo velo terrorífico. Una maravilla, sin duda. Y una joya para quien admira a Lovecraft.

Poemas y antipoemas; de Nicanor Parra

Nicanor se atrevió, con esa mirada insolente enmarcada entre picudas cejas, a mostrar en Times Square de Nueva York la frase: USA, donde la libertad es una estatua. Esto en 1987, pero antes, ya en 1954, subtituló las partes de su libro Poemas y Antipoemas así: I. Anti-Mistral, II. Anti-Neruda, III. Anti-Parra. En aquella época, Gabriela Mistral y Pablo Neruda eran monstruos (los modelos a seguir) cuyas enormes sombras se arrojaban sobre todos los poetas chilenos, ensombreciéndolos. Nicanor, sabiéndolo y también sufriéndolo, encaró la situación anteponiendo el anti sobre todo lo habido y por haber, incluyéndose. Rompiendo toda esa Gran literatura con una más sencilla, más llana y transparente: el anti-lírico. Éste profesor de matemáticas, de humor irreverente:

un cura, sin saber cómo,

llegó a las puertas del cielo,

tocó la aldaba de bronce,

a abrirle vino san pedro:

“si no me dejas entrar

te corto los crisantemos”


Llegó a decir, ante las preguntas de los periodistas, que su sentido del humor lo había mamado de sus lecturas de Kafka y de las películas de Charlie Chaplin (luego añadía que jamás iba al cine). Poemas y antipoemas (1954) fué su segundo libro, donde desarrolla su sistema antipoético mediante el lenguaje cotidiano, rehuyendo (de ahí antipoema) el modelo literario clásico de la poesía. Por eso cuando uno leee Poemas y Antipoemas tiene la sensación de estar leyendo a alguien cercano, que rehusa al final de las fórmulas poéticas sin alejarse de la profundidad, y que aborda temas tan dispersos como la nostalgia de años pasados o de la lejanía de seres queridos (en “se canta al mar” la primera vez que vió el mar, en “hay un día feliz” el pueblo en el que vivió de niño ahora revisitado, el recuerdo de una amiga ya fallecida en “es olvido” o el no estar presente en el nacimiento de su hija “Catalina Parra”), el humor sarcástico a veces dentro de una crítica mordaz (“sinfonía de cuna”, “desorden en el cielo”, “oda a unas palomas”, “advertencia al lector”, “madrigal”, “vicios del mundo moderno”), o la disección filosófica del mundo. Lo cierto es que el grueso, o la parte dura, de estos Antipoemas están incluidos en la tercera de sus partes (anti-parra). Allí se acumulan los poemas más largos y los que parecen tener mayor profundidad, siendo estos los que se liberan del todo de las fórmulas poéticas tradicionales: rima y métrica. Y es allí donde parece que, al fin, el autor encuentra ese lenguaje poético que andaba buscando para encontrarse. El inicio “advertencia al lector” es demoledor: una carta abierta y directa al propio lector, defendiendo a ultranza su punto de vista sobre la poesía. Esta parte no es tan liviana, al menos en el fondo, queriendo llegar el autor a un más allá: su propia historia melancólica, la rabia del recuerdo doloroso, la metafísica del mundo . Parece haber aquí un análisis mayor, y una sensación constante de desesperanza que se dilata aún más hacia el final: desde “recuerdos de juventud”

Yo pensaba en un trozo de cebolla visto durante la cena,

Y en el abismo que nos separa de los otros abismos

pasando por el descubrimiento de la hipocresía y la bajeza imperante en “el túnel”

Y volví a la realidad con un sentimiento de los demonios

el sufrimiento prolongado de un amor vacío e interesado en “la víbora”

Durante largos años estuve condenado a adorar a una mujer despreciable

Sacrificarme por ella, sufrir humillaciones y burlas sin cuento

la enumeración solícita y personal de los crímenes o catástrofes humanas en “vicios del mundo moderno” diciendo

Los vicios del mundo moderno:

el automóvil y el cine sonoro,

las discriminaciones raciales,

el exterminio de los pieles rojas,

los trucos de la alta banca,

la catástrofe de los ancianos,

el comercio clandestino de blancas realizado por sodomitas internacionales

Como queda demostrado,

el mundo moderno se compone de flores artificiales,

que se cultivan en unas campanas de vidrio parecidas a la muerte

La suerte está echada

Aspiremos este perfume enervador y destructor

Y vivamos un día más la vida de los elegidos:

De sus axilas extrae el hombre la cera necesaria para forjar el rostro de sus [ídolos

Y del sexo de la mujer la paja y el barro para construir sus templos

hasta llegar al colofón del “soliloquio del individuo” donde recapitula la historia de la humanidad para terminar diciendo:

Pero no: la vida no tiene sentido.

El libro de la egoísta; de Yolanda Castaño

Yolanda Castaño tiene mi edad. Gallega, publicó en 1995, con diecisiete años, su primer poemario: Elevar as pálpebras, ya con él ganaría el premio Fermín Bouza Brey, y aún así, no sería hasta la publicación de Vivimos no ciclo das erofonías (1998) cuando explotaría al máximo su talento, siendo éste libro Premio de la Crítica Española.

En "El libro de la egoísta" (2003) Yolanda Castaño habla de todos sus yoes múltiples . Por eso se llama así misma YolandaS, esa persona plural asumida, para explorarse por dentro. ¿Una posible interpretación interior de la n-dimensión de Durrell? Tal vez. Algo así hace Yolanda mediante la poesía: Explora sus personajes, se pregunta si soy o somos desde la conexión del yo con los múltiples puntos de vista. La eterna pregunta. ¿Hay un yo o hay un yo para cada ocasión?. El libro está plagado de antítesis y contrastes estilísticos. Se mueve a caballo entre la cercanía íntima y la lejanía extrasensorial, usando una especie de yo-yo cósmico hecho de lírica (que se me permita éste estúpido juego de palabras).

Además pretende explorar sus Yolandas sin caer en una fácil hipocresía (Pero yo, hija de mis hijas, he de desmantelar a golpe de deslumbramientos esta aciaga militancia de una yolanda emigrante de mí). Y comienza con, lo que parece, una declaración de intenciones:

Tenemos que meternos bajo duchas frías antes de poner a clareo nuestra [entraña.

Luego, a medida que va avanzando, nos da pistas:

Sé perfectamente que todo está aquí. Como una suerte de pálpitos que se le entrega a mi mano antes de las horas. Una condena que mece mis insomnios.

Incluso nos habla del método:

…:TASAR LA DOSIS EXACTA

DE MEMORIA Y OLVIDO

Y ese primer verso parece ser la vertiente a seguir: buscar la entraña. Para ello, la Castaño, encuentra en la dimensión múltiple su espacio: La prosa, la epístola, el diálogo, el teatro, el diario o la retórica. Todo se encuentra profusamente barnizado hasta los huesos por la lírica de ésta gallega, que, así, mediante éste método “durrelliano”, pretende buscarse. Y acaso el título del libro “de la egoísta” puede darnos pistas de lo que ella misma ha encontrado, siendo una especie de resumen maldito. Que queda subrayado con estos versos que aparecen en mayúsculas, tal vez para exclamar su descubrimiento:

YO SOY LA QUE NI AGUARDA.
SOY SUJETO CAPITAL DE ESTA RENUNCIA.
SOY EL AURIGA DEL ARDIENTE CARRO.

SOY LA EGOÍSTA PORQUE ESTÁ SOLA
LA QUE FUE SU PROPIA MEDIDA.
DE LA ÚNICA DINASTÍA DE ADNALOY


Terrible sinceridad. Y da muestras de grandes agallas. Es un libro, sin duda, atrevido por su desnudez, que a ratos es sencillo y a veces místico, pero que grita siempre ¡Yolanda! ¡Yolanda!

domingo, 2 de diciembre de 2007

Detectives salvajes; de Roberto Bolaño

Aquí tenemos a Bolaño, poeta, porque siempre se quiso como poeta, dentro de las páginas de un libro. Bolaño o Belano, qué más dá. Porque los dos son la misma persona, y sus dos historias son una sola: La que se cuenta en Detectives Salvajes (1998). Bolaño, chileno, mexicano de adopción pero sobre todo chileno de sangre y espíritu, se abrió las venas y dejó caer su historia aquí. Si algo es Detectives salvajes, además de una novela indispensable, es una autobiografía fragmentaria de su autor. Pero no se queda ahí, sino que su capacidad literaria envuelve de una manera tan mágica y vital lo narrado que uno es incapaz de no amar la poesía y la literatura después de haberlo leído, al menos uno mira de forma distinta, con mayor compromiso. Uno no deja de sentirse pequeño ante la envergadura de éste libro.

En la primera parte de la historia se nos presenta, por medio de un diario, al joven universitario Juan García Madero, y con él vamos descubriendo en primera persona una literatura que transgrede a la propia literatura, se trata de una corriente literaria visceral o visceralista, que parece huir de la floritura y es más un modo de vida, una forma de aprehender la existencia, radicalmente opuesta a la poesía dominante en México, cuyo máximo exponente era por aquel entonces el mismísimo Octavio Paz. Ésta corriente es la postura literaria del infrarrealismo, que nació en México de manos del propio Bolaño y Mario Santiago Papasquiaro. Asistimos, pues, al desvirgamiento de García Madero a través del visceralismo. En éste aprendizaje crece en él la madurez, la sexualidad, los diferentes modos de vida de los otros, el peligro asumido, el descubrimiento, la locura, o el embriagarse del incienso de las calles de México D.F. Ese es el tema clave: La ensoñación utópica por el ismo de la real visceralista. Yo me entiendo. Las pinceladas subjetivas de varios personajes que va conociendo el poeta García Madero, nos van descubriendo la moral teórica de la poesía mexicana, tal y como la conciben. Dan ganas, en serio, de montar una revolución cultural, de escribir un manifiesto, de fundar una revista, de dinamitar el mundo con poesía. Y eso, eso, ya es mucho.
Pero ésta primera parte, además de darnos a conocer ésta corriente literaria, sirve para acercarnos a dos figuras rodeadas del misticismo que una leyenda ha ido fraguando a fuego lento: Ulises Lima y Arturo Belano (o Mario Santiago Papasquiaro y Roberto Bolaño), los dos máximos exponentes del visceralismo. Dos personajes que son enaltecidos por los ojos de García Madero, y de los que apenas conocemos datos concretos. Tan sólo sabemos que admiran a una tal Cesárea Tinarejo, aún más rodeada de leyendas, y se consideran sus discípulos. Ésta primera parte nos deja a Ulises Lima, Arturo Belano y a García Madero iniciando un viaje por los desiertos de Sonora en busca de la mismísima Cesárea Tinarejo.

En la segunda parte de la obra, la espina dorsal del libro, se nos presentan una serie de entrevistas habladas (éstas justo comienzan en la misma época que Lima y Belano salen en busca de Tinarejo) a diferentes personajes y a lo largo del tiempo que conocieron a Ulises Lima y Arturo Belano, o bien a personajes a los que alguien les contó algo de ellos. Através de éste modo indirecto (siempre indirecto) de hablar de ellos, queda la duda de qué es cierto y qué no. Bolaño nos sume en una ambigüedad mágica, donde leyenda y realidad se mezclan irremediablemente. Lo cual hace que el desarrollo de la trama sea lento y muy complejo, dada la gran cantidad de personajes e historias entrecruzadas. Llama la atención la omisión absoluta de García Madero en ésta parte, se nos viene a hacer ver, casi, que no existió o bien que en realidad no importa si existió o no. Así, acompañamos a los personajes durante la práctica totalidad de sus vidas: desde aquellos años de adolescencia hasta la completa madurez de los personajes, treinta años después. Gracias a éstas entrevistas vamos conociendo los pormenores por los que van pasando los dos héroes, así como a la destrucción sistemática de todos los mitos que los rodearon.

En la tercera y última parte Bolaño retoma la historia de García Madero allí donde la dejó. Con Lima, Belano y él buscando a Tinarejo por el gran desierto mexicano. Y así vamos, de nuevo, deconstruyendo todos los mitos. Dejando a los personajes desnudos, y por ende, al mismísimo Bolaño, al que terminamos conociendo un poco, ese ser triste, melancólico, que quería morirse a toda costa y que luego ya no, que siempre se consideró poeta, se nos acerca tanto, que terminamos por quererlo, como a un niño.

Una novela que se queda grabada a fuego en la memoria y que crece crece y crece después de haberla leído.

Mientras dan las nueve; de Leo Perutz

Imaginad, imaginad un café de Viena de 1928. Imaginad que al fondo, en una mesa, hay dos hombres hablando de literatura ante cálidas tazas de café. Imaginad que fuesen Perutz y Lernet-Holenia. Dos grandes de la literatura fantástica europea. No hay mucho que imaginar, ocurrió. Además de pertenecer a los grandes círculos literarios de Viena, Perutz, que durante su juventud no vivió grandes éxitos académicos, llegó a ser un gran especialista en estadística, e incluso hoy en día se sigue usando la llamada "fórmula de equivalencia de Perutz" en cálculo estadístico. Y parece mentira colocar de un mismo lado la sensibilidad literaria de la que hizo gala con la frialdad matemática. Pero juntos formaron a ese Perutz que leímos.

Mientras dan las nueve (1918) es un libro fantástico, fascinante, con grandes partes de un humor negrísimo pero con un fondo que desconcierta y que, personalmente, deja un regusto melancólico. Cuando fué publicada, con gran éxito, Perutz fué comparado con el mismísimo Dostoyevski. El personaje principal: Stanislaus Demba, es un ser soñador, que vive y lucha con unas reglas personalísimas, bastante apartadas del común de los mortales. Una especie de Ignatius J. Reilly que hubiese caído en la Praga de principios de siglo. Vive en un sufrimiento que casi va buscando capítulo tras capítulo, que a los lectores nos sume en una ambiguedad terrible: ¿Qué llevará escondido Demba en las manos bajo su abrigo? ¿Por qué tendrá tanta prisa? ¿Qué sucederá a las nueve? Y con cada capítulo, en nosotros sube una tensión que no termina de romperse hasta que llega la conclusión, una conclusión que desconcierta, nada previsible. Perutz vuelve a maravillarme, a demostrar que estaba hecho de un material diferente del común de otros escritores. Cada libro suyo, un mundo distinto, fascinante.

Entradas anteriores a otras obras de Perutz:
El Judas de Leonardo

Muero por dentro; de Robert Silverberg

En 1955 publicó su primera novela: Revuelta en Alfa Centauro. Al año siguiente le darían el premio Hugo al escritor más prometedor. Pero tuvo que pasar mucho tiempo e infinidad de novelas de calidad irregular para que llegase su época dorada, más de diez años después: Fué el periodo de 1967 a 1972 donde sus creaciones comenzaron a tener mayor profundidad. Alas nocturnas (1969), El hombre en el laberinto (1969), Regreso a Belzagor (1970), Tiempo de cambios (1971), El libro de los cráneos (1972) o Muero por dentro (1972) son obras que hicieron llegar a Silverberg a lo más alto de la ciencia ficción.

Diré que muero por dentro (1972) desconcierta bastante. Y hace pensar en el gran tema de las relaciones sociales desde un punto de vista ya algo manido, pero ciertamente original. Resumiendo mucho la historia es algo así como el viaje de Selig, el protagonista, hacia la pérdida de un superpoder que le hace conectar telepáticamente con el pensamiento y el sentir de las personas que le rodean. Muchos creerían que ese don sería potencialmente increíble, podríamos manipular a los demás a nuestro antojo, no? Pues bien, sí, pero si ese don lo tiene alguien con unos rígidos paradigmas morales que se niega a usarlo en su provecho, encontramos al protagonista, que lucha con la pérdida de verse privado poco a poco de ese poder, que se ha convertido en una extremidad más de su ser, y con el mal de ser prácticamente un ser aislado, precisamente por su don. Al final, una reflexión terrible: Quizá es mejor no saberlo todo de los demás para poder relacionarnos.

El jugador; de Fiodor Dostoyevski

Se le llena a uno la boca diciendo Dos-to-yev-ski. Dostoyevski. Este ruso creo en mí hace ya muchos años cierta rusofilia que aún me persigue. Dijo Niezsche de él que fué el primer psicólogo de la historia. Y es que su literatura profundizó como ninguna otra antes los intrincados túneles de la mente y la conducta humana.

En 1844 traduce Eugenia Grandet de Balzac, para saldar una deuda, y tras ello decide dedicarse de pleno a la literatura. Tras varios años y sus primeras obras: Pobres gentes, El doble, o Noches blancas, entre otras, es condenado a cinco años de trabajos forzados en Siberia, por pertenecer a una organización antigubernamental. Tras su condena comenzaría la más grande carrera literaria de la historia rusa o de la historia de la literatura (para mi gusto), no sería fácil: detrás tendría a acreedores, su afición por el juego, la muerte de su esposa... pero en unos quince años crea seis obras memorables, que estarán ya para siempre en la cúspide de las letras universales: Memorias del subsuelo (1864), Crimen y castigo (1866), El jugador (1867), El idiota (1868), Los demonios (1872) y Los hermanos Karamazov (1879).

Aún me quedan unos cuantos libros de éste magnífico ruso por saborear. Los hermanos Karamazov, Noches blancas, Pobres gentes... y otro que es el que me tocaba ahora devorar: El jugador. El jugador se inspira en las propias vivencias que tuvo Dostoyevski con el juego, en especial la ruleta, y que le llevaron a arruinarse en varias ocasiones. La obra fué dictada a una mecanógrafa en sólo veintiséis días, mientras aún estaba escribiendo Crimen y Castigo.

El inicio del relato es frenético, todo lo contrario que en otras novelas: Donde el bueno de Fiodor diserta durante páginas y páginas sobre la psique y la pulsión humana. En éste caso disecciona el alma del ludópata en la maravillosa ciudad de Ruletenburgo (Qué grande es el nombre de la ciudad ¿Verdad?).

Sin duda, El jugador, es la novela de Dostoyevski más liviana que he leído. Tal vez la que menos me ha costado leer. Lo cual no quiere decir que no ahonde en temas profundos, como en el choque de expectativas, en los contratos sociales o en la máscara. Realmente la ludopatía es un tema secundario en la novela, usado para recrearse en otros aspectos del comportamiento humano. También se puede extraer cierto aspecto satírico: Una familia entera esperando con anhelo la muerte de la abuela para heredar todo su capital, y poniendo en ello, en esa herencia, sus más grandes esperanzas. También, como en casi todas las narraciones del ruso, encontramos una especie de antihéroe rodeado por un mundo hostil que pretende doblegarlo.
Leer de nuevo a Dostoyevski, reencontrarme con él, ha supuesto un gran placer para los sentidos, un revulsivo embriagador de palabras e imágenes poderosísimas.

sábado, 1 de diciembre de 2007

El maleficio; de Jean Lorrain

Jean Lorrain no fué otro que Paul Duval, dandi francés, excéntrico, decadentista, homosexual, y al que le gustó frecuentar los bajos fondos parisinos. Estribió entre otros "Cuentos de un bebedor de éter".

En 1901 Lorrain buscó, a través de los desquiciados ojos de Monseiur de Phocas, protagonista de la obra o alter ego de Lorrain, lo qué hay más allá de las ágatas de los ojos. El núcleo de la belleza, la obsesión por descubrir qué coño entraña esa sensación delirante producida por el brillo del iris. La febril búsqueda le lleva a encontrarse con algo desagradable: la muerte y la máscara social. Es lo que él llama maleficio. El maleficio de ver toda esa artificiosidad en la superficie humana, la podredumbre, la hipocresía, la pose, el vacío real; en esencia: la máscara.

Asistimos a la enfermedad psíquica, al degradante despertar de los sentidos, a la embriaguez de un alma cansada. La moral se aparta, se deja de lado. El señor Phocas busca a alguien que le cure, y encuentra a dos seres misteriosos y ambiguos que creen poseer el elixir para su padecimiento.

Todo este conglomerado conforma un relato aburrido, lento, repetitivo, que deja un poso sinuoso y un tanto amargo. hablo de mí, claro. Me faltaban pocas páginas para acabarlo y ya estaba pensando en el siguiente libro. Mal asunto Paul Duval, o Jean Lorrain o ambos. Aún así no he de dejar de decir que la narración tiene momentos mágicos, sublimes, inquietantes, pero luego terminan por caer en el sopor.

sábado, 24 de noviembre de 2007

Laberinto de muerte; de Philip K. Dick

Qué podría decir yo de Dick. Ese grande entre los grandes de la literatura, alabado por otros grandes como Lem o como Heinlein.

Muchos son los que hablan de dicks mayores y menores, refiriéndose a sus obras buenas o malas. Pero creo que no, que no es esa la perspectiva que debe darse a su literatura. En mi opinión Dick era un mal escritor, así como suena. Creo que Dick no sabía escribir a la manera de un gigante literato. Pero que tenía talento y genio eso es algo incuestionable. Y eso puede verse en todas sus novelas, tuviese mayor o menos fortuna en su ejecución. Supo desarrollar una cantidad ingente de tramas y teorías con su propia impronta. Muchas de ellas estaban relacionadas con los trastornos que él mismo sufría: especialmente su posible adicción a las drogas y su experiencia psicótica. Ambas solían fundirse para dibujar ambientes siniestros donde la realidad quedaba erosionada, donde Dick se preguntaba una y otra vez qué era realmente real. La ilusión construída como ilusión perceptiva, por tanto nunca se podría partir de una única realidad objetiva. En la misma dirección tocó temas que también le afectaban: La política, los abusos de poder, la búsqueda filosófica, y también reflexionó sobre la religión y dios, especialmente hacia el final de su vida.

A veces imagino que puedo hablar con él, le hablo y le digo:

Ah, querido mistic Dick o polla mística, como desees, sé que eras un poco artista de mierda, o al menos eso pensaban de tí en vida, y tal vez te hicieron creer. Ahora que estas muerto son otros los que engrosan sus bolsillos con los dólares que tú ansiabas. Bien putas las pasaste para conseguir de forma habitual ese arsenal de anfetaminas que usabas indiscriminadamente para sobrevivir entre la velocidad de tus dedos, que hacían clack, claclak, clack, con la misma prontitud que se descargaban las sinapsis neuronales de tu cerebro. Ah, Dick, Dick, Dick, pronunciar así tu nombre es un ejercicio onanísticamente literario o literariamente onanístico, te diré algo, yo también veo a dios, sí, incluso he podido leer sus libros, porque dios, querido Dick, dios eres tú.

"Laberinto de muerte" (1970) es otra de esas obras de Dick que me dejaron maravillado. Una de las mejores que le he leído. En sí, en un principio, parece que asistimos a la reunión en un planeta extraño entre varias personas que han sido requeridas para diversos puestos de trabajo. Poco a poco esas personas van siendo asesinadas misteriosamente. Lo que en un primer momento parece no es. Una entidad escondida en el planeta parece sumirlos a todos en una especie de juego, pero... ¿Qué ocurre en realidad?.
Hablar de ella en profundidad supondría desvelar su terrible final, que es endemoniadamente triste y amargo: un tremendo colofón cuyo púnto álgido sólo se desarrolla en las últimas cincuenta páginas. Una reflexión lucidísima sobre la necesidad de supervivencia y sobre el imperante requisito de la esperanza para la humanidad. Yo lo situaría casi a la altura de Ubik o El hombre en el castillo, dos de sus obras más reconocidas. Pero seamos realistas, éste libro no está bien escrito, todo lo contrario. Parece estar escrito por alguien a quien espoleaba el satánico verdugo para que bien rápido lo terminase. La concepción general de la historia narrada es brutal y magnífica, pero el desarrollo de las doscientas primeras páginas es aburrido y muy soso. Eso sí, sólo por leer esas últimas páginas merece la pena el libro entero, porque tal vez justifica ese clima brumoso y ambiguo al que nos somete durante casi todo el libro. y casi casi lo hace olvidar de manera agridulce, con una explicación terrible.

El libro negro; de Lawrence Durrell

T. S. Eliot adoró éste libro negro. Le hizo albegar esperanzas en la ficción en prosa de la literatura inglesa. Antes de ser publicado, en 1938, Durrell le envió una copia a su buen amigo Henry Miller para que le diese su opinión confiesa sobre el manuscrito. Éste pareció encantado con la obra.

Pero hay que decir que Lawrence Durrell fué antes salpicado por el semen cálido y ácido de Miller. Él lo reconoce. Dice que engendró El libro negro en la placenta creativa que le facilitara éste tras la lectura de Trópico de cáncer. Eso se nota. Aunque, a mi modo de ver, Lawrence peca de querer ser una especie de estilista autodesviado de lo que significa Literatura. Una especie de grito: ¡Mamá quiero ser excéntrico!. Y eso lo adorna de una prosa poética dificil, aunque bonita a fines metafóricos. La primera parte del libro me ha entusiasmado, en serio (aunque no se note demasiado). Pocas veces me había visto tan vapuleado por una poesía que reflejase una realidad tan visceral y cortante. La narración nos bidisecciona entre la primera persona de Lawrence en su vivencia melancólica y aletargada del Hotel Regina, y la primera persona del diario de quien se hace llamar muerte Gregory, un diario escrito en tinta verde y que da un punto de vista alternativo, aunque no demasiado, a la visión de Lawrence. Entre los dos nos muestran unos voluptuosos personajes, cuyos destinos, están emparentados por los caballos del erotismo y el deseo, y lo que hay debajo de ello, es decir: Sus riendas verdaderas.

A pesar de las bonitas palabras que lanzo, lo que ha quedado ha sido la decepción personal, tal vez herida, que ha supuesto el regodeo apocalíptico maniático y estrafalario del querido Lawrence.

Un dulce olor a muerte; de Guillermo Arriaga

El nombre de Guillermo Arriaga va emparentado al cine y durante un tiempo al de Alejandro González Iñárritu. Suyos fueron los guiones de "Amores perros", "21 gramos", "Los tres entierros de Melquiades Estrada", "Babel" y "El búfalo de la noche". Creció en la ciudad de México, entre las calles de la brutal Unidad Modelo, y también allí perdió el olfato tras una pelea.

"Un dulce olor a muerte" (1994) es comparada a Rulfo y a Gabriel García Márquez, y, ciertamente, las líneas generales recuerdan mucho Crónica de una muerte anunciada, y el ambiente a Pedro Páramo, pero también recuerda al gran Cormac McCarthy. Todos estos grandes nombres, aún así, se dejan de lado si hablamos de su estilo peculiar, un estilo simplista, de diálogos populistas y cercanos, lleno de jerga y el folclore mexicano que da al libro un gusto diferente y auténtico, cercano a la lírica de la que somos partícipes en el día a día de nuestros vecinos del pueblo: de las habladurías, de los rumores, de los celos vecinales, de los amores callados. A mí me ha hecho disfrutar muchísimo. Ésta, la que se cuenta en la novela, es la truculenta historia de un pequeño pueblo mexicano cuyos habitantes, y sus circunstancias, obligan a un muchacho a creerse el novio (sin haberlo sido) de una chica que ha aparecido muerta y, por tanto, a creerse poseedor y depositario de la necesaria venganza. Arriaga no necesita florituras para hacernos vibrar, tan sólo unos personajes creíbles y humanos, para retratar una circunstancia donde lo que menos importa es la verdadera realidad de lo que ocurre. El destino parece hacerse paso a machetazos a través de todas las circunstancias, sean las que sean.

Eleutheria; de Samuel Beckett

Se comenta que éste irlandés, que fuera secretario y amigo de Joyce, fué apuñalado en 1938 en París por un proxeneta llamado Prudent. Cuando en la audiencia Beckett le preguntó que por qué lo había hecho éste le contestó "No lo sé, señor, lo siento mucho". Tal vez ahí comenzara el teatro de lo absurdo. Escribió la triología "Murphy","Molloy" y "Malone muere", y obras de teatro como "Esperando a Godot" o"Fin de partida".
Beckett nunca quiso que se publicara Eleutheria (escrita en francés en 1947). Así lo dejó dicho. Lo dejó dicho de la misma manera que Kafka dijo que no se publicaran sus obras. Y de la misma forma tampoco se escuchó su ruego. Y menos mal. Fué publicada por vez primera en 1995, seis años después de la muerte de Beckett.

Eleutheria proviene del griego Ελευθερία y significa libertad. Y precisamente sobre ese tema descansan los tres actos de la obra, que a ratos es cómica (de un absurdo graciosísimo) y a ratos desasosegante y opresiva. En líneas generales diré que el protagonista, Victor Krap, abandona a su familia, a su novia y su trabajo, encerrándose en una miserable y pequeña habitación para (según sus palabras) "buscar una imposible libertad". Porque, de algún modo, Beckett nos hace reflexionar que la libertad no existe si estamos rodeados de nuestras personas queridas y tampoco si nos aislamos de ellas. Ésta obra, que no es de las más consideradas, me ha tocado en lo personal, haciendo que broten recuerdos y que volviesen a mí heridas pretéritas. La cárcel, muchas veces, no necesita de barrotes para aprisionarte. Tan sólo normas familiares o convenciones sociales pueden asediarte de la misma forma. Tal vez por eso considero "Eleutheria" una obra increíble y terrible al mismo tiempo. ¿Alguien dijo existencialismo?

viernes, 23 de noviembre de 2007

Mi idea de la diversión; de Will Self

Will Self tiene ese tipo de rostros que siembran la conciencia de aprensión. Su mirada azota con unas pupilas que no acierto a situar dentro del elenco de especies animales, y luego está ese gesto abominable de su boca y mandíbula. Si él me dijese en hipotética conversación: I'm extraterrestrial, baby. Diría: Te creo, tío, te creo. Tal vez sea porque fué adicto a la heroína en el Londres de los años ochenta y noventa, y eso, quieras o no, queda grabado en el rostro. A los diez años ya leía a Ballard y a Dick, y eso queda también grabado. Luego trabajó y trabaja de periodista inglés. Sus novelas también tienen el rictus de la rareza, siendo de corte fantástico, algo grotescas y bastante satíricas. Ésta ficción está influenciada por Ballard, Burroughs, y según él mismo por Jonathan Swift, Kafka y Céline. Ahí nada.

El título original es Mi idea de la diversión -una fábula con moraleja- (1993). Al principio, cuando comencé a leerla, me tenía totalmente aturdido. Las imágenes brutales se sucedían una tras otra desde un primer momento. En la segunda página del prólogo ya vemos al protagonista (Ian Wharton) follándose el cuello de un vagabundo al que acaba de cortar la cabeza: Esa es su idea de la diversión. El resto del libro es eso: La explicación sistemática y pormenorizada de porqué y cómo Ian tiene una idea de la diversión tan diferente a la gente que le rodea. La brutalidad no es tanto explícita como estilística. Self da forma a un pensamiento, un hilo mental que va deshilvanándose en el discurso. Su imaginación es feroz y nos recorre poco a poco el cerebro hastiándolo de reflexiones y dibujos lúcidos e inquietantes.

Muy interesante es la idea de la memoria eidética del psicópata que va desarrollando el autor: Por memoria eidética se entiende que alguien puede representar en la conciencia, con toda nitidez y detalle, las imágentes que ya ha visto, aunque sea solo una pequeña fracción de segundo. Y también es muy interesante la idea del Gran Controlador: Un ser que, tal vez, solo existe en la cabeza de Ian (representándolo y suplantando al padre que no tuvo) y que logra controlar sus acciones a volundad. En éste aprendizaje a través del Gran Controlador, el eidético llega a aprender a retroscender (me maravilla encontrar en éste libro muchas de las mismas cosas que alguna vez se me han pasado por la cabeza). La retroscendecia implica algo así como el rebobinado histórico de un objeto, puedes ver cómo va naciendo de la nada: desde la recogida del algodón, hasta su hilado, hasta su venta al mayorista, hasta el diseño sobre la cabeza y el papel, y finalmente cómo aquel cúmulo de circunstancias se convierte en unos calzoncillos. un paso más en el enorme mundo del eidetismo.

Toda la primera parte está escrita en primera persona, desde la perspectiva de Ian. Y tras un intermedio comienza la historia desde la tercera persona, narrando lo que queda de historia. El gran pero es precisamente la parte en tercera persona: Ahí Self se derrumba. Su idea de la diversión se desinfla de manera agónica desde la mitad hasta el final. No, no me convence del todo, porque, de alguna manera, el señor Self nos almibara con una serie de lúcidos, avasalladores, terribles, pensamientos, y luego se rebaja a la explicación más nimia y absurda de un todo a cien. Eso sí, he de adorar su primera parte, la primera persona, porque allí me ví un poco, de manera un poco enfermiza. Es curioso cómo prefiero la ambiguedad expectante del no saber prácticamente nada, a que me expliquen los trozos de historia. La prefiero indirecta, subjetiva, impregnada de una visión sesgada e incompleta, un solo punto de vista que sé que es hipócrita, falsa y alejada de la realidad, pero así es.

martes, 20 de noviembre de 2007

El retrato de Dorian Gray; de Oscar Wilde

Excéntrico dublinés y ciertamente decadentista que, influído por el movimiento estético, defendió el "arte por el arte". Gran ejemplo de ello es El retrato de Dorian Gray, novela escrita en 1891, y única que escribiera Oscar Wilde. Con ella se dió pie al escándalo, pues, pocos años después, fué acusado gravemente por la comisión de actos homosexuales, y se iniciaría el famoso proceso judicial que le llevaría por dos años a la cárcel.

El texto está plagado de epigramas, es decir composiciones poéticas breves, que expresan de forma ingeniosa un pensamiento satírico o humorístico (ó) pensamiento satírico o burlesco expresado de manera breve e ingeniosa. Y el prefacio está saturado de epigramas relacionados con el arte y el artista: "el artista es el creador de las cosas bellas" ó "el pensamiento y el lenguaje son para el artista instrumentos del arte" ó "el vicio y la virtud son para el artista material para el arte" ó "todo arte es completamente inútil". Ya desde un primer momento la escritura de Wilde es mordaz y satírica, a la vez que finísima y provocadora en sus reflexiones sobre la moral o la iglesia.

Además, la novela está plagada de dilemas filosóficos, que a veces pueden ser tomados por sutiles bramidos cómicos, pero que encierran paradigmas necesarios, núcleos que hay que destripar en el discurso normal: ejemplo: el egotismo, el envuelto dorian gray en su capa de yoes narcisistas y cómo el peso su nublada moral, a veces romántica y enseguida indiferente, se imprime en un retrato suyo (espejo simbólico donde se observa la conciencia). También habría que hablar de ese espectro relatado entrelíneas (por ahora) referido a la concepción del arte como algo aún más importante que la vida verdadera: ejemplo: La tierna y malograda Sibyl, actriz de segunda categoría que creía en todo y que, apartir de su tórrido romance con Dorian, es incapaz de actuar porque ha sido por primera vez consciente de la verdadera realidad, y es ahora incapaz de moverse en lo que ella concibe como vacío espectáculo.

Leyéndolo uno puede hacerse una idea aproximada del porqué fué encarcelado su autor (teniendo en cuenta un contexto en el que la homosexualidad estaba penada por la ley) y yo supongo que sería por esos primeros capítulos donde se establece un trío: Basil, Henry y Dorian, en donde los dos primeros adoran al último por su belleza, y el último queda embelesado del segundo por su filosofía de vida. Las conversaciones están plagadas de diálogos excesivamente amistosos que, según leídos, pueden confundirse en una especie de sensualismo.

Pero creo que hay cosas más importantes que aquellas en las que se fijaron las leyes coetáneas a Wilde. En el discurso se disecciona de una forma hábil y magnífica el narcisismo y la vanidad, así como la sociedad inglesa victoriana y todos sus juegos de clubs y fiestas superficiales. El moralismo fundamental que se respira en El retrato de Dorian Gray se me parece al de Fausto, aunque tal vez debería decirlo al revés. Si lo pienso, también se me parece a El corazón delator de Poe. Hay en ellos similitudes básicas: el Henry de Wilde, es el demonio tentador que empuja a una vida de excesos y tentaciones. Mediante un deseo y una resolución fantástica, Dorian logra la eterna juventud, trasladando todo el peso de la vejez y la carga de la conciencia al cuadro que tantas similitudes con él tienen. En cierto sentido vende su alma al cuadro para obtener la belleza prolongada en el tiempo de unas pinceladas de pintura al óleo. Pero es precisamente eso, la belleza, lo que termina por odiar de sí mismo al final. También, Dorian (y es esto lo que permite su destrucción) puede escuchar hacia el final de la novela los latidos de su propia vanidad, y es precisamente ese el detonante que hace que Dorian clave el cuchillo en su propio retrato y muestre así, al mundo, su propio secreto.

El ser vanidoso y narcisista, animal de la pulsión y el desenfreno... ¿Acaso no estamos siendo empujados hacia esa dirección? Me refiero a todos, a todo el mundo: Una nueva filosofía moderna retratada por la sucesión de placeres inmediatos, cada vez más inmediatos. Creo que todos tenemos un espejo interior, algo menos definido que el de Dorian Gray, pero un cuadro donde nos miramos, donde baremamos nuestros
actos, donde nos juzgamos la moral. Todos lo escondemos, con mejor o menor fortuna, ante los demás. Como Dorian Gray, todos tenemos un desván donde lo escondemos, y donde de vez en cuando vamos a mirarnos con algo de miedo.

Según he leído, El retrato de Dorian Gray, es considerada como una de las mejores novelas escritas en lengua inglesa, es por eso que no entiendo que la edición que tengo yo, la de Valdemar, del Club Diógenes, esté tan plagada de erratas en su ¡Cuarta edición!.