martes, 30 de diciembre de 2008

La otra parte; de Alfred Kubin

En realidad Alfred Leopold Isidor Kubin, o Kubin a secas, es hoy en día más conocido por sus oníricas ilustraciones expresionistas que por su trabajo como escritor. Todo ello a pesar de que su novela "La otra parte" (1909) es considerada como una de las mejores novelas fantásticas de todos los tiempos. Kubin nacería en Bohemia (1877), parte del entonces imperio Austrohúngaro y estudiaría arte y fotografía. Sus dibujos fueron influencia decisiva para el cine de Murnau, y por tanto para el expresionismo cinematográfico alemán. Kubin además fué amigo de Kafka, y no sorprende leyendo "La otra parte", la cual tiene algunos elementos muy parecidos a las obras de éste.

"La otra parte" es un libro que tras su lectura deja un recuerdo realmente extraño. Las 51 ilustraciones que lo acompañan (muchas veces bosquejos rápidos) ayudan a este sentido de la extrañeza. Tiene algo de sueño y pesadilla, y la sensación claustrofóbica, gris y melancólica que va dejando a su paso es inenarrable: Sería algo así como una distopía emplazada a principios de siglo XX y en una región oriental. La historia cuenta cómo un dibujante alemán (tal vez el alter ego del propio Kubin) es contactado por un antiguo compañero del colegio para que se reúna con él en su país-experimento. Su amigo, un tal Patera, ha fundado un país al margen del mundo: El Reino de los Sueños. Una extensión de tierra rodeada por un enorme muro, cuya entrada sólo es posible mediante la invitación de Patera. Lo más emocionante del libro es la descripción que Kubin va tejiendo de ese extraño lugar, cuya capital se denomina Perla. Una ilustración opresiva, oscura y decadente de la propia humanidad. En Perla no se permite absolutamente nada moderno, ni siquiera la tecnología, todo en esa inventada sociedad es viejo y antiguo. Algunos pasajes de la novela recuerdan vívamente a "El Castillo" de Kafka, sobre todo cuando el protagonista intenta una y otra vez, sin éxito, entrevistarse con Patera en el Palacio y toda la burocracia se lo impide.

Diferenciaría dos partes muy distintas en la novela. La primera iría desde donde el protagonista viaja al Reino de los Sueños y va conociendo poco a poco sus pequeños y grandes secretos. La segunda abarcaría la destrucción y desaparición de Perla, que coincide con la llegada a la ciudad de un tal Hércules Bell, un americano que intenta hacerse con el poder. La primera parte yo la tildaría de embriagadora y lúcida. Un festín fantástico de creatividad e imaginación. La segunda parte se me hizo pesada y dura de leer. De alguna manera la descomposición del Reino de los Sueños supone una especie de trauma, de agonía dilatada, el lector queda en tierra de nadie, observando la extrañeza que supone la surreal deconstrucción y lentísima muerte de Perla. La pseudomonarquía que antes imperaba en el reino, bajo la influencia de ese misterioso (e invisible o autómata) personaje de Patera, se transforma en pura anarquía de la propia naturaleza: locura, orgía, violencia... Lo cual parece estar escrito como a trompicones fragmentarios, sin la sucesión narrativa que existía en la primera parte.

Además de Kafka, leyendo el libro es inevitable que el nombre de E.T.A. Hoffmann no nos venga a la cabeza. Hesse citó en alguna ocasión ésta novela como una especie híbrida entre Meyrink, Poe y Kafka.

viernes, 28 de noviembre de 2008

Cuentos de terror; de Guy de Maupassant




Guy de Maupassant
(1850-1893) es recordado como uno de los más grandes escritores de cuentos, y de ellos los más recordados son aquellos que exploraron el terror y la locura. Inspirado por su amigo y mentor Gustave Flaubert, decidió dedicarse a la literatura. Aunque sólo llegaría a publicar cinco novelas (destacaron Bel Ami -1885- y Una vida -1883-) sería con los más de trescientos relatos que llegaría a escribir con los que se ganaría la fama.

“Nuestro gran tormento en la vida proviene de que estamos solos y todos nuestros actos y esfuerzos tienden a huir de esa soledad”

Maupassant
corrió por el filo de una navaja demasiado afilada y terminó cortándose con la locura. Sus últimos años quedaron preñados de obsesiones que, de cierta manera, le permitieron el punto de vista de lo extraño, del otro lado de la razón. Mientras se volvía loco él iba proyectando en sus relatos, mediante la observación propia, la acción crónica y lenta pero inexorable de lo "horrible" acercándose hacia él.

He podido leer recientemente dos volúmenes recopilatorios de cuentos publicados en castellano: La madre de los monstruos y otros cuentos de locura y muerte; y El Horla y otros cuentos de crueldad y delirio (estos comprenden relatos, en su mayoría, de 1881 hasta 1887); y en ellos encontramos la observación acongojada del autor por sus propias sensaciones y reflexiones sobre la muerte, el delirio y la locura, el desdoblamiento, la frustración por el amor inalcanzable, el fetichismo... un camino que le lleva en 1892 al intento de suicidio y a su internamiento en la clínica del Doctor Blanche, para morir sólo un año más tarde. Estos cuentos están escritos de una manera rápida, nerviosa y ágil, repletos de exclamaciones y preguntas, como buscando desesperadamente un oído, una respuesta a sus interrogantes y miedos. En muchos de ellos utiliza un estilo cuasi-periodístico, utilizando noticias recientes para realizar reflexiones sobre la culpabilidad o la locura, o los propios avances médicos de la época sobre el sistema nervioso para explicar las sensaciones extrasensoriales o sobrenaturales (Como los estudios de Charcot). Y en otros es el mismo autor el que se viste con la subjetividad del personaje, y relata desde la mismísima locura y terror la historia.

De entre los que he leído destacaría: El Horla (con multitud de simbolismos hacia lo "invisible" y tal vez su cuento más conocido), La mano (relato sobrenatural sobre la mano de un muerto, y que hace referencia a una mano disecada que el propio Maupassant conservaba), El miedo (que explora precisamente el significado del miedo de forma eficacísima), La madre de los monstruos (relato sobre la terrible aberración de la que una madre era responsable), o La cabellera (relato sublime sobre obsesión y enfermizo fetichismo).

lunes, 17 de noviembre de 2008

Moby Dick; de Herman Melville

Moby Dick siempre había estado ahí, esperando. No había momento oportuno para comenzar su lectura. El libro iba acumulando polvo y meses sobre sus lomos. Llosef ya me había recomendado su lectura inmediata, y me había insistido y puesto en alerta sobre la urgencia de reparar ese error contínuo que suponía la no lectura de este clásico. Pues bien fué, durante Abril de éste año cuando, medio en broma medio en serio, Llosef me propuso lo siguiente: "Si te empiezas a leer Moby Dick yo me leo la triología de Gormenghast". Y así fué.

El barbudo de Herman Melville, afamado por las cachalóticas proporciones de su barba, nació en Nueva York, y fué gran amigo del escritor Nathaniel Hawthorne (figura clave en los orígenes de la literatura estadounidense). Las primeras novelas de Melville recogieron su experiencia en viajes alrededor del mundo como marino (Typee, Mardi...), y tras ellas comenzaría a decantarse por un estilo más filosófico o metafísico: Moby Dick (1851), o Pierre o las ambigüedades (1852), que no tuvieron mucha aceptación en su época. También escribió cuentos importantes como el impresionante Bartebly el escribiente o Benito Cereno (ambos publicados en 1856).

Situémonos. Un año antes de la publicación de Moby Dick (1851), Hawthorne publicó la simbólica y alegórica "La letra escarlata" y en Inglaterra Charles Dickens su semi-autobiográfica "David Copperfield". En esa misma década se publicaron clásicos como "La cabaña del tío Tom" (1852) de Harriet Beecher Stowe, "Madame Bovary" (1857) de Flaubert o "La mujer de blanco" (1860) de Wilkie Collins. Ante todo, Moby Dick, es una de las obras más ambiciosas jamás escritas. Y como consecuencia de ello, a mi modo de ver, su lectura es una experiencia totalmente agotadora. No es sólo una novela, pues una novela cuenta una historia del tipo: presentación, nudo y desenlace; y aunque en la novela también aparezca una trama con forma de tríada, considerar Moby Dick como sólo una historia sería quedarnos a las puertas de una enorme mansión llena de habitaciones. Através de la estructura de la narración, Melville nos hace partícipes de su propia obsesión: escribir una obra absoluta, monográfica y rigurosísima sobre la caza de la ballena. Para ello comienza con una extensa colección de citas que hacen referencia a ese gran cetáceo: desde la Biblia, pasando por, Plutarco, El paraíso Perdido, o Shakespeare, hasta manuales y diarios de marineros.

La obra se inicia presentando al narrador: "Llamadme Ismael" y através de 135 capítulos y un epílogo, se nos sumerge primero en Nantucket (La tierra lejana), isla de Massachusetts, y desde allí en el Pequod, el barco ballenero. El viaje o búsqueda que se realiza por parte de su capitán Ahab, no es una búsqueda cualquiera: su significado tiene que ver más con el orgullo y la venganza (el hybris griego que destruye la armonía), con la monomanía, el solipsismo, con el grado de obsesión, su único sentido de vida es dar caza a la gigantesca ballena albina que le arrebatase la pierna tiempo ha. El simbolismo de este planteamiento tiene muchas vertientes: Ahab, nombre bíblico de un rey malvado y enemigo de los profetas, comienza una búsqueda cuyo objeto inspira tanto admiración como terror. La rara blancura de la ballena, que implica pureza, pero también anormalidad, extrañeza, y espanto, implica algo tanto divino como demoníaco. Puede tener implicaciones de una búsqueda mucho más allá que la puramente material: la búsqueda mística del Dios cristiano. Como a la ballena, a la que todos temen, Dios inspira tanto terror como amor. Además, el Pequod se convierte en una especie de arca de Noé, que lleva en su seno la más rica colección de razas del mundo entero. Es pués Ahab, el maquiavélico rey, el que lleva a la humanidad hacia el desastre de retar al mismísimo Dios. Y como dijera Esquilo en "Los Persas": Pues al florecer hybris el fruto es la ceguera, cuya cosecha es rica en lágrimas (...) Zeus castiga con la venganza a la soberbia excesiva y exige cuentas extrictas. De éste modo la venganza de Ahab se convierte en algo mucho mayor que un simple nivel personal: se va tildando de lo universal.

Melville, con un pulso lento y firme, con una prosa poética deliciosa, va dibujando la médula de Moby Dick. Y mientras lo hace, nos va explicando las vicisitudes del marinero ballenero, y va intrincando una especie de ensayo sobre la ballena y su pesca: su fisionomía, los tipos de ballenas que se conocen, su clasificación, el envasado de su aceite; que se va convirtiendo, con el paso de las páginas, en una apología hacia el trabajo bien hecho. Todo ello sazonado con referencias multitudinarias hacia los libros de la Biblia y guiños hacia Shakespeare. Precisamente fué esta parte la que más dura se me hizo, pues parecíanse a las páginas arrancadas de una enciclopedia antigüa, que, a mi modo de ver, rompían la fluidez de la historia. Aún así, tras la lectura completa, precisamente esas páginas dan una visión del libro mucho más orgánica y precisa, dándole una robustez tremenda, y tal vez aún más sentido a la obra.

Otras referencias anteriores a Herman Melville:
- Bartebly, el escribiente.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

El gran Gatsby; de Francis Scott Fitzgerald

Hubo un momento en el tiempo, un lugar dentro de la literatura norteamericana del siglo XX, que se denominó así misma como generación perdida (Lost Generation) o generación del fuego (Génération du Feu) o simplemente "generación de 1914". Influída por varios acontecimientos de la historia: La Gran Guerra o Primera Guerra Mundial, la época del exceso y el materialismo americano (que tuvo como consecuencia La Gran Depresión tras el crack de 1929), y la Ley Seca de 1919. Estos tres grandes acontecimientos suelen ser recogidos, de alguna u otra manera, en las grandes obras literarias de ésta "generación". Los cinco máximos representantes americanos de esta época fueron: Faulkner, Hemingway, Dos Passos, Steinbeck y Fitzgerald.

El Gran Gatsby (1925) se impregna de ese ánimo, y nos sitúa precisamente en esa calma chicha que precede a las terribles tormentas. Fitzgerald supo ver entre el falso brillo de aquel espendor: Las grandes fiestas, la ostentación, la juerga, el jazz, las lángidas mujeres echadas en sillones, las enormes mansiones de los aristócratas... un símbolo: Gatsby. Porque Gatsby resulta al final el símbolo del materialismo, no un personaje. El narrador lo presenta así: "Gatsby representaba todo aquello que desprecio sinceramente".
Fitzgerald diseccionó y plasmó esta sociedad neoyorkina en el choque de clases: Los nuevos ricos y los viejos ricos. Y les dió hasta situación ficticia: West Egg y el East Egg. Simbólicamente representa esta relación entre clases con el imposible amor entre Gatsby y Daisy. Y también el choque de clases alta y baja: Con el también imposible amor entre Tom y Myrtle Wilson.

En la novela existen momentos deslumbrantes, como en el capítulo VII, donde asistimos a la silenciosa lucha de poderes de Gatsby y Tom, una lucha cuya tensión va subiendo poco a poco hasta, finalmente, explotar. Aún así, lo más llamativo e interesante de leer El Gran Gatsby en ésta época, es ver cómo el hombre es capaz, de nuevo, de tropezar en la misma piedra. Hago una comparación, casi ineludible, entre el crack del 29 y la "crisis" actual, consecuencia las dos del derroche y acaparación de unos pocos, casi siempre los mismos.

martes, 21 de octubre de 2008

Ventiladores Clyde; de Seth


Gregory Gallant, ese ser autodenominado como Seth, de gafas redondas y sombrero, cuyo porte a veces recuerda a Pessoa, nació en Ontario (Canadá), y se trasladaría a Toronto para cursar Bellas Artes, donde desarrollaría un estilo gráfico muy personal. Ha diseñado portadas para discos, participado en numerosas publicaciones The Washington Post, New Yorker, Spin, New York Times... además de diseñar compilaciones (por ejemplo "The complete Penauts"). Seth publicó sus dos primeras obras más ambiciosas en la revista Palookaville, con la que colabora desde 1991: La vida es buena si no flaqueas (It's A Good Life If You Don't Weaken) publicada como novela gráfica en 1996; y Ventiladores Clyde (Clyde Fans) publicada de 1997 hasta 2002. La última obra de Seth, por ahora, es George Sprott publicada entre 2006 y 2007.


Seth ha dicho de sí mismo: "Se me conoce como el dibujante de la nostalgia". Y no es algo que sorprenda mucho tras leer una de sus obras. Yo añadiría: melancolía, tristeza, soledad y abatimiento, tras degustar Ventiladores Clyde. De hecho, la obra comienza con una sucesión lenta y paulatina de imágenes que nos muestra el amanecer y despertar de uno de sus protagonistas. La secuenciación de viñetas y transcurrir del tiempo es algo sumamente palpable en la obra de Seth. Somos conscientes del silencio entre viñeta y viñeta, de tal modo que el tiempo se convierte en uno de los principales pilares de éste comic.

Ventiladores Clyde cuenta la historia de dos hermanos y está dividida en dos partes. La primera nos muestra un día cualquiera de Abraham Matchcard en 1997. Y en la segunda asistimos a las tremendas dificultades de su hermano, Simon Matchcard, como vendedor de ventiladores en 1957. Los Matchcard asumieron la empresa familiar de diferente manera, Abraham, seguro de sí mismo, refiere a modo de monólogo su vida pasada como algo nostálgico, todos sus recuerdos están relacionados con su trabajo en Ventiladores Clyde, pero a su vez observamos su soledad (la ciudad, el hogar y todas las habitaciones están vacías de vida). El escenario se convierte así en el espejo en el que parece no verse. Por contra, en 1957, asistimos al deambular de Simon, un muchacho introvertido, tímido, que se ve en la tesitura de verse convertido en vendedor de Ventiladores Clyde, que es algo que le es absolutamente ajeno. Simon no es un vendedor agresivo, convincente, seguro de sí mismo. No. Simon es un ser sensible, emotivo, que se emociona con pequeñas cosas. Le gusta escuchar hablar a la gente en las cafeterías, observar postales inauditas, leer...

Es sumamente melancólico observar las dos caras de la moneda através del tiempo. El hermano orgulloso, condescendiente hacia su hermano pequeño. Y el hermano reprimido, viendo a su hermano mayor como amenaza. Esta disección familiar, crea en el lector una tristeza dificil de explicar. La nostalgia de Abraham hacia su pasado, un pasado lleno de alegría y buenos momentos para él, contrasta con un presente absolutamente vacío. Y la pena que sentimos por Simon, ese muchacho incapaz de adaptarse a la empresa familiar ni a los que le rodean, contrasta con lo que sabemos de él: que no logrará realizar su pequeño sueño de escribir un libro, que siempre sería un malogrado tristón.

Un comic terrible. De los que dejan una huella profunda de tristeza tras su lectura. Con la sensación de haber asistido al progresivo amarilleamiento de dos vidas a través del tiempo.

Muy muy recomendable.

domingo, 12 de octubre de 2008

El corazón de las tinieblas; de Joseph Conrad


Aunque adoptara el inglés como lengua para escribir sus historias, Joseph Conrad en realidad, nació en lo que hoy sería Ucrania y se educó en Polonia. Desde los 17 años vivió como marinero y corrió numerosas aventuras alrededor del mundo que, posteriormente, ya nacionalizado como británico, le inspirarían algunas de sus obras más conocidas: El negro del Narciso (1897), El corazón de las tinieblas (1899), Lord Jim (1900), Nostromo (1904) o El agente secreto (1909).

El corazón de las tinieblas es un relato corto levemente autobiográfico, que relata los pormenores vividos por el marinero Marlow através del río Congo en busca del misterioso Kurtz. Mediante los ojos de Marlow, personaje que aparecería en varias novelas del autor, Conrad denuncia el colonialismo, y reflexionaría sobre el contacto con el ser primitivo y salvaje, con ese corazón de la oscuridad: una selva parecida a un monstruo desencadenado que mira directamente al hombre.

Éramos vagabundos en tierra prehistórica, en una tierra que tenía el aspecto de un planeta desconocido.

El hombre prehistórico nos estaba maldiciendo, suplicando, dándonos la bienvenida ¿Cómo saberlo? Estábamos aislados de la comprensión de todo aquello que nos rodeaba, pasábamos deslizándonos como fantasmas, asombrados y secretamente aterrados, como lo estarían los hombres cuerdos ante un brote de entusiasmo en un manicomio. No podíamos comprender porque estábamos demasiado lejos, y no podíamos recordar porque estábamos viajando en la noche de los primeros tiempos, de aquellos tiempos que se han ido, dejando apenas una señal y ningún recuerdo.
El contacto con esa naturaleza humana primigenia causa vértigo en Marlow, y en nosotros, los lectores, que asistimos medio alucinados a su descubrimiento: lo siniestro. Lo que una vez fué conocido y el tiempo ha hecho olvidar, vuelve a aparecer ante nuestros ojos, causando miedo y terror. Este autoconocimiento, esta mirada al espejo interior del alma humana, ese "horror" desviste de sentido y equilibrio a ese hombre moderno que se enfrenta a sí mismo, en la realidad terrible pero fascinada de su soledad.

La búsqueda, ciertamente simbólica, de ese ser llamado Kurtz, se convierte para Marlow en la búsqueda realizada por un hombre moderno, un hombre que cree poseer el sentido y el equilibrio, del primer hombre: el hombre sumido en la selva, en la complejidad de un magma lascivo y salvaje, el animal genético que se asoma apartando hábitos y superficies.

Mención, como no, a Francis Ford Coppola y a su magnífica reinterpretación de este texto en su película Apocalypse Now, adaptando las líneas interiores del relato a la guerra de Vietnam. La misma selva africana se reproduce en Asia, y el colonialismo británico sirve como molde para mirar el imperialismo americano.

domingo, 5 de octubre de 2008

Krazy Kat; de George Herriman (1925-1926)


Aún recuerdo cuando, hará un año o más, me pasé a visitar al querido Llosef a su lejana y coconina región de Cáceres Couty. Allí, en su palaciego hogar, entre sus lúbricas estanterías, reposaban dormidas las más brillantes obras de la creativa sabiduría universal. Entre ellas, el amigo Llosef, el más refinado sibarita entre los epicúreos, me mostró un álbum de Krazy Kat. Yo no pude entenderlo. Quiero decir: no comprendí aquel exquisito amor que supuraban sus palabras por aquella obra. Pero, como siempre, destino en un rincón privilegiado de mi memoria sus sabios verbos. Y así, tiempo después, me acerqué sigilosamente a Krazy Kat, y... comprendí. Comprendí del todo sus palabras. Gracias, gracias amigo Llosef.

Desde 1913 hasta su muerte en 1944, George Herriman publicó la tira cómica dominical de Krazy Kat para la agencia de prensa americana King Features Syndicate, la misma agencia que publicaría en los periódicos de Estados Unidos obras capitales del cómic, tales como El príncipe Valiente, Popeye, Flash Gordon, El gato Félix o Betty Boop. Es decir: El nacimiento del comic.

Krazy Kat es, junto con Little Nemo de Winsor McCay, una de las primeras obras clásicas dentro de la historia del comic. El humor absurdo y surrealista de Herriman, pero a la vez totalmente embriagado de un sentido poético y sugerente, fascinan desde el primer momento. Estos últimos días he estado degustando las tiras comprendidas entre 1925 y 1926 antes de irme a dormir. Toda una gozada, como un pequeño dulce antes de dar por finalizado otro jodido día de arduo trabajo.

La primera aparición de Krazy e Ignatz, que es casi como una leyenda contada a los nietos, fué en los márgenes inferiores de otra de las tiras de Herriman: The Family Upstairs (La familia de arriba). En ese pequeño espacio comenzaron sus surrealistas aventuras en 1910, mucho antes de tener su propia tira cómica, lo cual no sucedería hasta 1913. Desde entonces Krazy Kat se publicaría ininterrumpidamente hasta 1944.
Las historias, de una sola página en blanco y negro (aunque a partir de 1935 serían ya a color), nos dibujan un universo de animales emplazados en la zona desértica de Coconino Couty (Arizona). Los personajes principales son el gato Krazy, el ratón Ignatz y el agente de policía Cachorro. En realidad, la práctica totalidad de las tiras tienen el mismo argumento: El ratón Ignatz intenta por todos los medios tirarle un ladrillo a la cabeza al gato Krazy, y éste, cuando lo recibe, interpreta éste gesto como una muestra de amor del ratón. Cada vez que el agente Cachorro pilla a Ignatz cometiendo el delito ladrillil sobre Krazy, lo mete en la cárcel. Todo se sustenta en esta extraña relación tripartita: Krazy está locamente enamorado de Ignatz, Ignatz odia a Krazy, y el agente Cachorro ama a Krazy y odia a Ignatz.
Una de las cuestiones más rocambolescas de la historia es la supuesta homosexualidad de Krazy. Aunque Herriman siempre le restó importancia a este hecho, explicando que "Krazy es como un espíritu, como un elfo, que no tiene sexo. De modo que no puede ser masculino o femenino. Es un espíritu (un duende) capaz de deslizarse en el interior de todo".

Además de los tres principales, aparecen otros personajes secundarios, a cual más delirante: Abejorro Vagabundo, La señora Cuac Ua, Pato de Pekín, los primos de Krazy, El profesor Guau Wau Oau...

Actualmente la editorial Fantagraphics está recuperando (en inglés) la totalidad de la obra de Krazy & Ignatz. Y hasta la fecha se han publicado en castellano seis números en total, abarcando desde 1925 hasta 1936. Toda una labor Humanitaria. A destacar el precioso diseño de estos álbumes: Auténticas joyas, delicatesens comiquiles.

De lectura y posesión obligatoria.

Lovecraft; de H. Rodionoff y E. Breccia

Si alguna vez un niño encontrase en las viejas estanterías de su padre un pesado volumen de un tal Abdul Al-Azred... tal vez estaríamos ante una obra de H.P. Lovecraft o... tal vez ante la misma historia de Lovecraft.

Hans Rodionoff es guionista cinematográfico. Hasta la fecha sus películas se han caracterizado por no superar el 5 sobre 10 en la lista de imdb. Participa, sobretodo, en películas de terror americanas de serie b. Entre sus últimos engendros: Hollow (2004), Skulls II (2005) o Jóvenes ocultos II los vampiros del surf (2008). Enrique Breccia es otro cantar: Hijo del gran Alberto Breccia, comenzó su andadura ayudando a su padre en comics tales como El Eternauta, Mort Cinder o La vida del Che. Su padre le inculcó todo su amor por el arte y se dedicó a la pintura, pero volvería al comic con obras como "Alvar Mayor" o "El peregrino de las estrellas". Desde 2000 comenzaría su andadura en la industria americana, colaborando con las grandes Marvel y DC. Para ésta última tendría libertad absoluta para ilustrar "Lovecraft" (2004).

En éste comic se juega con lo mismo con lo que jugó Lovecraft hasta la extenuación en sus relatos: esa ambivalencia entre lo real e imaginario, en ese límite borroso entre lo verdadero y lo falso. Guiños y más guiños al más grande icono del relato del terror de todos los tiempos.

Tomando en consideración las líneas generales de la biografía de H.P. Lovecraft, se nos dibuja una fantástica historia de locura y monstruos primigenios. Se parte del extraño nacimiento del pequeño genio, y poco a poco, vamos asistiendo a la creciente locura del autor: Un padre ausente, una madre histérica y sobreprotectora, una mujer que, ante todo, lo ama... y ese otro lado oscuro al que se accede a través del Necronomicón, ese lado oculto donde las más terribles pesadillas, los monstruos del inconsciente, han de hacerse del todo reales.

A parte de guiños, que son constantes hacia el conocedor de la obra y vida de Lovecraft, lo que más llama la atención de éste comic es su tratamiento gráfico, obra de Breccia: La plasticidad del óleo, la acuarela, la pintura acrílica, la plumilla... lo cual da verosimilitud a una historia de terror que confunde realidad con pesadilla, sumiéndonos en un magma en el que es dificil anclarnos. Ya solo por ello merece la pena ser leído. Pero poco más. De hecho me parece en el fondo una historia poco excitante, incluso aburrida. Se sirve del mito que supone un autor de culto como el de Providence, para darle a la historia un aura de misticismo, y ni con ello consigue alentar ni crear suficiente empatía hacia un amante de la obra original, es decir: servidor.

En fín un comic prescindible para mi humilde gusto.

viernes, 19 de septiembre de 2008

Mort Cinder; de Oesterheld y Breccia


Hector Germán Oesterheld (como guionista) y Alberto Breccia (como dibujante) colaboraron juntos en algunas obras magnas del comic; tales como Sherlock Time (1958-1959), Mort Cinder (1962-1964), Vida del Che Guevara (1968), y una segunda versión de El Eternauta (1969).

Mort Cinder, especialmente, es una de esas obras que quedarán para siempre en el inconsciente colectivo del comic. Fué publicada en Argentina, por entregas, en la revista Misterix desde Junio de 1962 hasta Febrero de 1964. En sus páginas asistimos al relato de Ezra Winston, un anticuario inglés, cuya relación con los objetos antiguos cambia a raiz de conocer a Mort, un extraño ser que ha vivido y renacido a través de todas las épocas del hombre. Éste ser, Mort Cinder, es un observador especial de hechos, tanto grandes como pequeños, que han definido el aspecto actual de la humanidad.

Se podrían distinguir dos partes bien diferenciadas en Mort Cinder. La primera albergaría las primeras entregas, donde Ezra conoce a Mort y lucha contra el profesor Angus y sus "ojos de plomo", la cual me recordó ferozmente al esquema de narración seguido en el Eternauta. La segunda incluiría el resto de historias donde Mort Cinder le cuenta a Ezra algunas de sus experiencias del pasado: Una historia de la I Guerra Mundial, la vida en una cárcel de Oklahoma en 1925, la construcción de la torre de Babel, la historia de una goleta que hacía mercancía con esclavos, una historia secreta del antiguo Egipto o la batalla de las Termópilas.

Volvemos, pués, a asistir a uno de los temas que más gustaron al gran guionista argentino: el viaje en el tiempo. Esta mezcla de hilo de Ciencia-Ficción, historia y fantasía crea un tapiz en las manos de Oesterheld arrollador, gracias, en gran medida, al impresionante quehacer de Alberto Breccia para representar la visión del guionista. Breccia crea en Mort Cinder un angustioso entramado de luces y sombras: los rostros, los gestos, los ángulos y la frescura con la que son dibujados. Todo. Éste es uno de sus mejores trabajos, sino el mejor. Además Breccia le puso su propio rostro (como ya hiciera también en Sherlock Time) a uno de los personajes principales: Ezra Winston.

Otras reseñas de Oesterheld:
- El Eternauta

Otras reseñas de Breccia:
- Los Mitos de Ctulhu

jueves, 14 de agosto de 2008

Marvels; de Busiek y Ross

Kurt Busiek, guionista de comics, es conocido por una larga participación en la serie de "Los vengadores" junto a George Pérez y por su aclamada serie Astro City (1995). Y Alex Ross, ilustrador de estilo fotográfico y realista, y por ello multipremiado en la industria, fué co-creador de obras magnas como Astro City o Kingdom Come (1996). Pero antes de todo ello parieron Marvels (1994), una espectacular recreación realista del universo Marvel. Durante cuatro números, Busiek y Ross nos relatan en modo histórico los aspectos más relevantes de prácticamente todos los superhéroes de la editorial. Lo cual Ross repetiría un par de años más tarde en Kingdom Come, pero esta vez con el universo DC.

Todo comienza con la aparición de la antorcha humana y Namor el hombre submarino, que fueron sus dos primeros superhéroes. Los dos, ya aparecían en 1939 en la primera publicación importante: Marvel Comics. Apartir de entonces comienzan a saltar a escena, poco a poco, todos los superhéroes que conforman la, ya mítica, editorial: El héroe patriótico: el capitán América; Los cuatro fantásticos; Los vengadores, los mutantes X-men, Hulk, y por supuesto Spiderman.

La voz de la historia y nexo de unión entre los cuatro arcos de Marvels es Phil Sheldon, un fotógrafo y periodista, que desde los inicios sufre una obsesiva atracción hacia esos extraños héroes. Así, durante toda la historia, la perspectiva es la de alguien ajeno y exterior a lo que va sucediéndose: De ahí que la fascinación, la incomprensión, el miedo o el odio, vayan alternándose. Através de sus ojos vemos la historia de Marvel pasar: Los orígenes, con la aparición de la antorcha humana, Namor y el capitán america. El cuestionamiento mutante, con el odio público hacia estos y la aparición de los centinelas. El día del juicio, con la impresionante aparición de Galactus en la tierra y su lucha contra los cuatro fantásticos. Y finalmente con la muerte de Gwen Stacy ante los atónitos ojos de Spiderman. De este modo Marvels no solo se convierte una nostálgica recreación histórica, sino en todo un cuestionamiento moral y crítico del héroe y de su finalidad para el público. Busiek se transforma en sociólogo y Ross en fotógrafo de ese universo inventado.

Para alguien como yo, que de jovencito creció leyendo los comics de la Marvel, resulta tremendamente delicioso leer algo como Marvels. Uno tiene la sensación que todo aquello se hace realidad, y puede recrearse en los magníficas ilustraciones de Ross. En fín, para mí ha sido toda una gozada.

miércoles, 30 de julio de 2008

Como un guante de seda forjado en hierro; de Daniel Clowes

De nuevo, Knut me ha empujado a leer otro comic imprescindible (Gracias, Gracias, Gracias). Y si Burns me hacía pensar en Cronemberg, este Clowes me hace pensar de nuevo en otro director.

Daniel Clowes
, el creador de Ghost World, tiene un verdadero mundo propio. Influenciado por la estética norteamericana de los años cincuenta, la revista MAD, los comics de la EC o las películas de ciencia-ficción y de terror de serie B; Clowes ha sido capaz de tejer un estilo. Su primera obra larga fué "Como un guante de seda...".

"Como un guante de seda forjado en hierro" consta de diez capítulos, que fueron publicados en los diez primeros números de su autoeditada revista Eightball, entre 1989 y 1993. Como ocurre con otros creadores Daniel Clowes no puede ser catalogado con una sola de sus obras. Ghost World no es Daniel Clowes, ni viceversa. Es como si, y pongo un ejemplo muy ilustrativo, David Lynch fuese catalogado sólo por Straight Story sin haber visto Lost Highway. En ambas se reconoce a Lynch, aunque la primera tenga un corte más realista que la segunda, y aunque la segunda sea muchísimo más compleja y retorcida.

De la misma manera que Lynch, "Como un guante de seda..." contiene cierto sustrato de rareza y surrealismo onírico que no contendría después Ghost World. En este fascinante comic observamos anonadados la extraña búsqueda que emprende Clay, su protagonista, tras reconocer a la actriz de una película. Se suceden las escenas, aparentemente de modo incomprensible y absurdo, pero con sentido dentro de la trama. Así, nos sumergimos en una especie de pesadilla que mezcla el cine, los monigotes de la suerte, las tramas historico-políticas, los mensajes, las revoluciones mundiales y los engendros monstruosos. Algunas escenas son, sin duda, de lo más cachondo y espeluznante que he podido leer nunca en un comic. Por supuesto, prefiero esta libertad creativa, esta frondosa imaginación lisérgica, a la realidad pálida de Ghost World. Lo mismito que me ocurre con Lynch.

Absolutamente imprescindible.

Otras reseñas de Daniel Clowes:
- Ghost World

lunes, 21 de julio de 2008

Agujero negro; de Charles Burns

Charles Burns es ilustrador y dibujante de comics americano. Ha colaborado en la revista RAW de Art Spiegelman, y realizando dibujos para campañas publicitarias, o portadas de revistas y discos. Pero su trabajo más importante ha sido como creador de comics: además de historias cortas como El Borbah (1999), Big Baby (2000) y Deep Skin (2001), creó por entregas la que es su obra más conocida hasta la fecha: Agujero Negro, que publicó de 1993 a 2004, y que sería galardonada con el Harvey de novela gráfica al publicarse de manera integral.

El dibujo de Burns está basado en un meticuloso trazo de grandes contrastes en blanco y negro, y sus historias suelen ser raras y un poco espeluznantes: Porque, tal vez, su mirada da de lleno en el lado oscuro de la humanidad. No lo iba a ser menos en Agujero Negro, donde nos cuenta una extraña historia de terror sobre varios adolescentes que, tras ser contagiados por un bacilo, comienzan a presentar malformaciones físicas de distinta índole en cada uno: A unos le salen protuberancias, granos gigantescos, a otros cola, otros cambian de piel, e incluso a algunos le sale una boca adicional en la garganta. El bacilo es transmitido de unos a otros de manera muy similar a las enfermedades de transmisión sexual. Los infectados se refugian en un bosque cercano a la ciudad (el hoyo o agujero negro), escondiéndose de miradas y rumores. Todo en la historia parece apuntar hacia una gran alegoría de la adolescencia: El miedo al cambio y a lo desconocido, las dudas, el amor, la exclusión social, la iniciación al sexo, las drogas, y esa pulsión inevitable hacia la huída. El agujero negro, el título, parece ser contínua metáfora dentro de la historia: Puede ser ese hoyo en el que se esconden los mutados, puede ser la escisión en una rana, la herida en un pie, rara boca de una garganta, el sexo de una mujer, el sueño abriéndose paso sobre la realidad, el abrir una vereda en el bosque...

Se nota de manera especial la influencia de Cronemberg, con la presentación de esas malformaciones biológicas, que de alguna forma nos remueven algo por dentro, algo viejo y antiguo. Una especie de recuerdo enquistado y simiesco de la mutación ancestral. Muestra de interés y asco entremezclados.

Una lectura realmente inquietante. Muy recomendable.

sábado, 12 de julio de 2008

La cocina; de Arnold Wesker

Arnold Wesker pertenece a esa generación que se denominó jóvenes airados (angry young men), grupo de novelistas, dramaturgos y cineastas ingleses de la década de los cincuenta, al que también pertenecieron John Osborne, Kingsley Amis, John Braine y, en alguna ocasión, Harold Pinter. Ésta generación expresó la amargura e irritación de las clases bajas británicas de la postguerra, atacando con ello a la alta clase media, y mostrando así la hipocresía social en la que estos vivían.

La cocina (1957) es la obra más conocida de Wesker, aunque también es destacable su triología Sopa de Pollo y Cebada (1958), Raíces (1959), y Hablo de Jerusalen (1960); donde describe la evolución política de una familia judía. La cocina, se basa en las experiencias del propio Wesker como cocinero en un restaurante de París, para así dar del mundo una imagen más directa. El autor diría al respecto:
El mundo pudo haber sido un escenario para Shakespeare; para mí es una cocina: donde los hombres van y vienen y no pueden quedarse el tiempo suficiente para comprenderse, y donde las amistades, amores y enemistades se olvidan tan pronto como se realizan.
En éste mundo del que habló Wesker, un mundo que cabía dentro de una cocina, tenía la estructura básica de la sociedad: La presión a las clases trabajadoras y, por ende, la animadversión hacia aquellos que les explotaban. El frenético ritmo de producción en la hora punta del día, a la hora de la comida, es similar al rendimiento industrial, donde importa el número obtenido de producto y menos la calidad de éste. La obra nos describe un día dentro de una cocina, desde su apertura y encendido de fogones hasta las horas donde se sirven las cenas al final de la jornada. Al autor le interesaba más contar la verdad que la realidad. Lo importante para él es que hubiese alguien capaz de decir la verdad. En éste caso es Peter, el protagonista de la historia, un inmigrante alemán quien alza su voz en forma de acto de rebeldía. Un aviso que el mismo encargado es incapaz de comprender porque "Les doy trabajo, les pago bien ¿No? Comen lo que quieren, ¿No es cierto? No sé qué otra cosa puedo dar a un hombre: Trabaja, come y yo le doy dinero. La vida es eso ¿No? No he cometido ningún error ¿Verdad? Vivo en el mundo que debo vivir ¿No es cierto?".

miércoles, 9 de julio de 2008

Viejos tiempos; de Harold Pinter

Se suele decir que desde The room -La habitación- (1957) hasta Regreso al Hogar (1965) en Harold Pinter se cumple una etapa. A partir de la década de los setenta Pinter se compromete políticamente y eso afecta inefablemente a sus obras. Se opuso a la política de Margaret Thatcher, rechazó el título de "Sir" por parecerle sórdido... Su discurso de agradecimiento del premio Nobel en 2005 titulado "Arte, verdad y política" lo comenzó diciendo:
En 1958, escribí lo siguiente:

'No hay grandes diferencias entre realidad y ficción, ni entre lo verdadero y lo falso. Una cosa no es necesariamente verdadera o falsa; puede ser al mismo tiempo verdadera y falsa.'

Creo que estas afirmaciones aún tienen sentido, y aún se aplican a la exploración de la realidad a través del arte. Así que, como escritor, las mantengo, pero como ciudadano no puedo; como ciudadano he de preguntar: ¿Qué es verdad? ¿Qué es mentira?

En el discurso realizó un ataque feroz a la política exterior intervencionista de los Estados Unidos e Inglaterra en Irak.

En ese mismo discurso puso como ejemplo cómo nacieron dos de sus obras: Regreso al Hogar y Viejos tiempos. De la primera dijo que nació de la frase "¿Qué has hecho con las tijeras?" y de la segunda que partió de la palabra: "Oscuro". De hecho Viejos tiempos (1971) comienza con dos personajes (marido y mujer) hablando sobre una antigua amiga de ella que va a visitarles, la cual está sumida en la penumbra del escenario, en la oscuridad, como símbolo de la presencia de lo que podemos nombrar como recuerdo. Lo oscuro es el pasado, esos viejos tiempos que van adentrándose en una bruma cada vez menos visible, pero siempre presente en nuestra vida.

En Viejos tiempos asistimos a desenterramiento del pasado de tres personajes. La estructura inicial es muy parecida a Regreso al Hogar, donde un elemento del exterior, otro personaje (una antigua amiga de la mujer), entra en un sistema (en éste caso el que conforman marido y mujer). Las cosas que en un principio parecen normales y corrientes, esconden secretos y capas que se nos van mostrando poco a poco. Las cosas que en un princio parecen de una forma no lo son: La amiga y el marido parecen conocerse, repiten partes de canciones insinuándose el uno al otro... el elemento sexual, aunque velado, está siempre presente. Aquel pasado no es como parecía en un principio, de ninguno de los tres personajes: "Hay cosas que uno recuerda aunque nunca hayan ocurrido. Hay cosas que yo recuerdo, que pueden no haber ocurrido, pero como yo las recuerdo, en realidad ocurren". La estructura robusta del inicio va desmoronándose hacia la no-certeza, hacia la no-verdad, sumiéndonos en el desconcierto y la ambiguedad.

Aunque es una de las grandes obras de Pinter a mi me ha dejado bastante frío. No es de esas lecturas que calen en un primer momento, tal vez porque no tiene una estructura muy definida, todo lo contrario: parte de algo concreto que se va desmoronando. En fín, aún así seguiré leyendo más obras de Pinter.

Otras reseñas anteriores de Harold Pinter:
- Retorno al Hogar

jueves, 3 de julio de 2008

La ascensión del gran mal; de David B.

David B., fué uno de los fundadores de L'Association en 1990, editorial independiente que quiso desmarcarse de las líneas editoriales de la industria francesa. De L'Association salieron autores franceses destacables como Sfar, Trondheim o el propio David B. La ascensión del gran mal es su obra maestra hasta el momento.

En La ascensión del gran Mal (1996-2003) David B. rememora su propia vivencia sobre la enfermedad de su hermano Jean-Christophe: la epilepsia (El gran Mal). Para ello realiza un pormenorizado recorrido desde su infancia hasta la edad adulta en un total de seis volúmenes. Aunque la obra esté enfocada desde un punto de vista subjetivo, a modo de autobiografía, el autor nos muestra de forma global la reacción familiar ante ese Gran Mal que les atenaza. Las primeras crisis y ataques, la incomprensión de los amigos, la búsqueda de un remedio para el mal; todo ello termina convirtiéndose en un peregrinaje de la medicina convencional (y esas pruebas científicas) hacia las medicinas alternativas (la macrobiótica), pasando por el esoterismo, la videncia, el magnetismo, el vudú o la iglesia swedenborgiana; y toda esa vivencia la muestra tal cual David B. desde el punto de vista de un niño, que simboliza a través de fantasmas y dibuja de forma compulsiva esa guerra interior que porta dentro. El dibujo y la imaginación se convierten así en las únicas armas que puede usar ese niño para combatir aquel Gran Mal que afecta a toda la familia, que hace primero de Gengis Khan su gurú.

El relato se hace terrible, y David B. logra empatizar con nosotros y hacernos partícipes de esa enorme impotencia ante la que su familia se sitúa. Todos los integrantes de la familia se sienten perdidos e impotentes. Así, además de la enfermedad del hermano, asistimos al crecimiento y la madurez del propio David B. El autor confiesa querer la muerte para su hermano, y nos dice "siento una rabia que calmo dibujando sin cesar", y dibuja enormes guerras y se dibuja a sí mismo con una armadura de soldado de Gengis Khan cada vez más y más gruesa. El espíritu de su abuelo muerto le acompaña en forma de un pájaro negro, y acude a él para confesarse y pedirle aliento en los peores momentos. Escapando a través de la fantasía para huir de una realidad abrumadora.

Después, mientras va haciéndose mayor, cambia al pájaro negro por iconos que le inspiran sus lecturas fantásticas: Utiliza la trinidad de "Los últimos cuentos de Canterbury" de Jean Ray -Un muerto, un gato mágico y el diablo dice Su- como nuevos confidentes. Y cambia esa armadura, esa máscara. Su propia madre le dice "antes dibujabas todo el tiempo caballeros con armadura, ahora tus personajes llevan trajes negros. Es tu nueva armadura". Y David B. sentencia: "Mi armadura es la noche". La enfermedad de su hermano va haciéndose más y más insoportable para la familia, de hecho Jean-Christophe comienza a responder con violencia, ante lo cual David comienza a contactar con su propia ira; mientras sigue dibujando y logra entrar en la escuela de Artes Aplicadas de París.

El sexto tomo es tal vez el más introspectivo (aunque todos lo son) y el más escalofriante. En él David B. nos relata sus primeros pasos en el amor, en el mundo del comic y tal vez en el mundo adulto. Todo está más centrado en él, dejando en un segundo plano a Jean-Christophe. La realidad envuelve su vida, lo vivido arrastra al autor más allá de lo imaginario. Comienza a unir las piezas del puzzle de esa vida junto a su hermano enfermo y a encajarlas en sí mismo. La muerte, la tristeza, la soledad, la ira, la impotencia. Todo debe enfrentarlo ahora, como si saldara las cuentas con la epilepsia de su hermano, aceptándola de forma constructiva.

La totalidad de la obra es de una sensibilidad apabullante. Su simbolismo, sus revelaciones; todo nos acerca empáticamente a la realidad de ese ser autodenominado como David B. Muy recomendable. Casi de necesaria lectura para cualquier amante del comic.

Otras reseñas anteriores de David B. :
- Los Complots Nocturnos

martes, 1 de julio de 2008

Retorno al hogar; de Harold Pinter

Este dramaturgo inglés, ganador en 2005 del premio Nobel de Literatura, se vió grandemente influenciado por las primeras obras de Beckett, de ahí que sus primeras producciones sean emparentadas al teatro del absurdo. La habitación (1957), Fiesta de Cumpleaños (1958), El Cuidador (196o), El amante (1963), Retorno al hogar (1965), Viejos tiempos (1971), y Tierra de nadie (1975), son tal vez sus obras más conocidas. A partir de la década de los setenta en su obra se aprecia un interés creciente por los temas políticos, dejando entrever su crítica a la represión y su militancia izquierdista.

Retorno al hogar, es una de esas obras de teatro que duelen. La podredumbre infecta a todos los personajes: todos se hallan bajo la deshumanización más absoluta. Bajo la fachada de una historia sencilla: El regreso de uno de los hijos, ya casado, al hogar que le vió nacer tras años de ausencia; se esconde una simbólica y cruenta autopsia de una humanidad egoísta. La comunicación se basa en la reiteración de frases y el uso de silencios, y hacen que la tragedia esté preñada de elementos realistas engarzando un todo absurdo, convirtiéndola en una tragedia cotidiana. Los componentes de la familia se odian abiertamente, el padre a los hijos, los hijos al padre, y la comunicación (vacía) sólo sirve para usar de forma práctica al otro en su propio beneficio, como si fuesen cosas u objetos (da lo mismo una mesa, un bocadillo o una mujer). Los elementos sexuales incluidos en la obra, y la frialdad y absurdez con la que son tratados, llenan todo de una sordidez y crueldad enfermiza: La concepción que se tiene de las mujeres queda del todo patente cuando la familia conoce a la mujer del hijo que regresa, concibiéndola como una prostituta. Toda esta mezcla deja un poso en quien lo lee terrible. Diríase que lo escenificado remueve en la medida que uno se da cuenta que lo que está viendo forma parte de uno mismo: el contacto visceral con la realidad humana.

Me entran ganas de leerme toda la producción teatral de Pinter. Aunque duela, aunque duela mucho.

jueves, 26 de junio de 2008

De Profundis; de Miguelanxo Prado

La recurrencia con la que Miguelanxo Prado regresa al mar en sus obras no debe ser casual. En Fragmentos de la enciclopedia délfica el océano traía bajo el brazo a la cuarta especie, especie que daría nombre a la última era de la humanidad. En Trazo de tiza la acción se situaba en una isla en medio del mar. Y en De profundis, la última de sus obras por el momento, nos cuenta directamente una fábula fantástica sobre la profundidad del océano.

De profundis fué una película de animación dirigida, guionizada y dibujada por Miguelanxo Prado en 2006. El guión de la película surgió a partir de una serie de cuadros del autor, Miguelanxo desarrolló desde ellos y con acrílicos lo que sería la película de animación, y Nani García compuso el acompañamiento musical que luego interpretaría la Orquesta Sinfónica de Galicia.

En Enero de 2008 apareció la versión en comic de De Profundis. A diferencia de la película ésta si iba acompañada de textos poéticos, textos que tienen la función de ir hilvanando cada una de las imágenes, para así dotarlas del movimiento del que carecen en el formato impreso. El inicio de la historia:
Érase una vez una casa en medio del Mar.
Denota ya la intención de contar un cuento. En él el protagonista es un pintor que vive en una casa en medio del mar con su mujer. Éste imagina fascinado aquellos seres que pueblan las profundidades y se dedica a representarlos en sus cuadros. Después de un naufragio, será partícipe de un viaje a través de las profundidades de ese océano que él había imaginado. El mar se convierte así en el elemento sobre el que se proyectan los deseos y el alma del protagonista, un lugar onírico y metafórico, entre la realidad y la imaginación, que queda muy bien reflejado en el título de la obra:"De profundis", que hace referencia al salmo bíblico 129: "A tí, señor, elevo mi clamor desde las profundidades".

Si ya en Trazo de tiza la técnica pictórica de Miguelanxo me parecía buenísima, en De profundis evoluciona a una mayor perfección. La elección de esos tonos de aguamarina (verdeazulados) de sensación fría, se mezclan con otros tonos más cálidos como anaranjados y rojos, dejando un efecto de equilibrio durante todo el comic. Además, consigue un matiz onírico que se prolonga desde la primera imagen hasta la última, ayudado eso sí por los textos poéticos que lo acompañan.

Otras reseñas anteriores sobre Miguelanxo Prado:
-Fragmentos de la enciclopedia délfica
-Trazo de tiza

domingo, 22 de junio de 2008

La cantante calva, Jacobo o la sumisión y El porvenir está en los huevos; de Eugène Ionesco

Ionesco, nacido en Rumanía pero de adopción francesa, es considerado, junto a autores como Beckett, Genet o Artaud, como padre del teatro del absurdo. Éste teatro se caracteriza por poner en práctica los principios existencialistas através de metáforas poéticas (o no) y revestidas de situaciones absurdas. Entre sus obras más conocidas se encuentran La cantante calva (1950), Amadeo o como salir del paso (1953) o El rinoceronte (1959).

La edición que he leído contenía las primeras obras del autor: La cantante calva (1950), Jacobo o la sumisión (1950) y El porvenir está en los huevos (1951). Con estos flamantes títulos Ionesco, hoy en día, podría a aspirar a entrar en el equipo de guionistas de La hora chanante o Muchachada Nui.

La cantante calva -Antipieza- (1950)

Se dice que el estreno de La cantante calva, en el Teatro de los Noctámbulos de París, fué todo un acontecimiento. La gente allí congregada no comprendió en absoluto la obra, o sí, tal vez inconscientemente, y por eso les desagradó tanto. De ahí el escándalo y el descontento. Pero ¿Cómo era posible que se representase algo tan repleto de escenas absurdas e ilógicas? Para empezar: En la escena no había aparecido ninguna cantante calva. De hecho, a la tal cantante sólo se la nombraba una vez, y de pasada. Casi nadie comprendió el sentido existencialista de La cantante calva, la primera obra teatral de un tal Ionesco. En ella, el autor, plantaba delante de los nobles parisinos la imposibilidad de la comunicación humana en clave de comedia absurda. La repetición y monotonía del vacío. Nada tiene lógica en la obra, y bajo el barniz de comedia de situación se exponía una cruel hipótesis social: La terrible soledad humana. Las escenas se suceden y, en vez de llevar a alguna conclusión dilucidatoria, la obra termina en una apoteósis incomprensible de frases sin sentido. La subversión, los huevos más grandes (por no decir cojones) de tener la osadía de reinventar el teatro, era de Ionesco. Luego, dos años después, llegaría Beckett y su Godot con cotas aún mayores de profundidad existencialista, pero ahí estaba ya Ionesco plantando ya las semillas de una nueva forma de contar las cosas, de la misma forma que ya lo había hecho Artaud, aunque de forma teórica, en sus manifiestos del Teatro y su doble (1938) y Teatro de la crueldad (1948).

Jacobo o la sumisión -Comedia naturalista- (1950)

De nuevo el absurdo aparece como metáfora en su siguiente obra, representada poco después de La cantante calva. Esta vez Ionesco se convierte en teórico sistémico para plasmar, de nuevo en forma de comedia, el cruel testimonio vivido en una familia. El ejemplo familiar es tomado por un todo unitario, no como partes individuales que conforman un conjunto. De hecho en la familia todos se llaman Jacobo: El hijo, la hermana el padre, la madre y los abuelos; tal vez para identificar a las partes como a una misma cosa, un sustrato indivisible que no acepta disgresiones ni rebeldías en la familia establecida. La acción se sitúa en el momento en el que Jacobo, el hijo, es oprimido por el resto del clan para que revele y afirme que "le gustan las patatas con tocino". La presión a la que es sometido por parte del padre, madre, hermana y abuelos es desproporcionada para una cuestión tan minúscula y nimia, pero de ahí que la nota cómica se convierta en metáfora. Las situaciones y decisiones absurdas se suceden: La familia insta a Jacobo a casarse con una mujer que tiene dos piernas, dos brazos, que tiene agujeros y dos narices, pero él la rechaza por no tener tres narices y por no ser suficientemente fea. Y bajo la pátina de la absurdez asoma la cabeza del esfuerzo por la afirmación individual sobre lo colectivo, el no dejarse absorber por ese mecanismo inmunitario de la familia monocefálica, monoteísta. Pero al final, Ionesco pone la nota aguda en el pesimismo, en la dificultad de ser salmón remontando el furioso río de la vida, cosa que no lleva a otra que a la terrible sumisión. Y esta desesperanza me lleva a pensar, pero en clave de libertad, en la magnífica Eleutheria de Beckett.

El porvenir está en los huevos -o se necesita de todo para hacer un mundo- (1951)

Ésta obra es una especie de continuación de la anterior. Los mismos personajes y ahondando en el mismo tema. Ahora se le exige al pobre Jacobo a asegurar el porvenir de la familia "Hay que asegurar la continuidad de nuestra raza". Para ello, Jacobo y su mujer Roberta, son presionados para la producción industrial y masiva de huevos (como si fuesen los frutos del matrimonio). Y las dos partes de la familia (por parte de el y de ella) deciden para qué usaran aquellos huevos, sin tener en cuenta la opinión de los padres de estos. De nuevo, el pesimismo llenándolo todo.

Aunque las obras de teatro fueron escritas para ser representadas más que para ser leídas, hay algunas de ellas que se sostienen muy bien en formato escrito, mientras otras cojean grandemente sin la escena. Estas tres breves obras pertenecen a éste último grupo, ya que están preñadas de repeticiones y escenas cíclicas que aburren muchísimo siendo leídas, y tal vez por eso pierden un fuelle que, tal vez, en un escenario, abriguen cierta comicidad . De todas formas, me quedo con ese fondo brumoso y triste que presenta Ionesco, velado por lo absurdo de las situaciones, pero fuertemente sostenido en lo simbólico.

sábado, 21 de junio de 2008

Fragmentos de la enciclopedia délfica; de Miguelanxo Prado

Segunda obra de éste maravilloso autor que he leído hasta la fecha.

Por aquella época aún se daba a conocer como Miguel Ángel Prado, y en ésta su primera y más extensa obra, toma elementos de la ciencia ficción para presentarnos, a modo de hipótesis, la posible historia de la humanidad, de forma que todo está contado desde ese futuro y de un modo fragmentario: Mediante pequeños relatos autoconclusivos que van revelando y sugiriendo esa probable evolución del género humano. La idea, dice Prado, la tomó de lo que hace Asimov en su serie de "Las Fundaciones": Los pequeños fragmentos de la Psico-historia humana, a través de los fragmentos de una enciclopedia. Y Prado imagina lo siguiente: Una enorme colección de 2618 cubos de cristal, cuya estructura atómica revela, mediante datos grabados, la historia completa de la humanidad: desde su prehistoria primigenia hasta su renqueante desaparición en los albores del universo.

"Fragmentos de la enciclopedia délfica" (1982-1984), en realidad, funciona muy bien leída tanto a modo de pequeños relatos independientes (a cada cual mejor) como un todo evocado por la sucesión de las partes. De ésta forma Miguelanxo puede centrarse en diversos puntos cada vez y, así, tocar multitud de temas: Los peligros de la experimentación cibernética en "Sensaciones", la dificultad de comunicación entre dos mundos en "Susurros" (la cual me recordó mucho a Solaris de Lem) y "Punto de partida", el despotismo político en "Arena", la hipocresía y el juego de poder en "La voz última" (la cual me llevó a pensar en aquellos simulacros de Dick), al racismo, el colonialismo y lo que provoca la percepción de diferencia en "Telmos", "Aceite", "Sangre de dioses" o ", a la gran parábola ética sobre la piedad en "Misere nobis" (que recuerda a Séneca), o a un nuevo concepto de sociología, de soledad y la pérdida de la individualidad en "Yo".

Supongo que hacer lo que hizo Miguelanxo era muy arriesgado. Primero pensarlo, pensar en en la estructura adecuada para la narración de diez mil años de historia, y luego ejecutar algo así. El gusto que deja tras su lectura es realmente sugerente. Pocos, muy pocos, pueden imaginar de forma tan convincente usando los conceptos e ideas de la más clásica ciencia ficción. Y él lo logró.

Otras reseñas anteriores sobre Miguelanxo Prado:
- Trazo de tiza

viernes, 6 de junio de 2008

El eternauta; de H.G. Oesterheld y F. Solano López

El año pasado (por 2007) se cumplieron cincuenta años de la primera aparición de "El eternauta" (1957-1959), tal vez uno de los comics más importantes escritos en lengua castellana, y, si tenemos en cuenta su repercusión, el más importante de Agentina.

Oesterheld fué, y sigue siendo en el recuerdo, uno de los más importantes guionistas de comics en lengua castellana. Suyos son los guiones de obras como Mort Cinder (1962) o Sherlock Time (ambas con Alberto Breccia como dibujante), además de la obra que recientemente he podido leer: El Eternauta. Merece la pena acercarse a éste autor, que fuera ferviente admirador de la obra de Melville y Conrad, y quien colaborara con autores tan grandes como Hugo Pratt, Breccia, Dino Battaglia, Horacio Altuna o Solano López. Muy comprometido políticamente durante la dictadura militar argentina, en la década de los setenta, se unió a la organización peronista y prosocialista de los Montoneros. Esto quedaría patente en sus últimas obras: una biografía sobre Che Guevara, la utopía política montonera de La Guerra de los Antares, o una segunda parte de "El eternauta" mucho más comprometida. Por ello fué, primero desaparecido, vagando de cárcel clandestina a cárcel clandestina, y finalmente asesinado junto a sus cuatro hijas, por la dictadura militar. Terrible.

"El Eternauta" original, es el que Oesterheld y Solano López, fueron publicando por entregas en la revista Hora Cero Semanal entre 1957 y 1959. Posteriormente se publicarían otras versiones y continuaciones, como la ya citada segunda parte, o la revisión que realizaría el mismo Oesterheld junto a Breccia.

En "El Eternauta", que literalmente quiere decir "el que viaja por la eternidad", se nos relata una historia clásica de ciencia ficción ambientada en el viejo Buenos Aires de finales de los años cincuenta. El inicio es esa aparición del eternauta delante del guionista de historietas, y del relato de una noche en la que comienza a nevar. La aventura y el terror se mezclan formando un pastiche atractivo e interesante; un folletín por entregas que, leído a día de hoy del tirón no pierde nada. Como en una novela de intriga, poco a poco, se nos va desvelando el porqué de esa extraña nevada (en un lugar donde nunca nieva), lo que va provocando a sus habitantes, y qué "manos" están detrás de ella. Según el propio Oesterheld, inicialmente quiso crear una versión moderna del Robinson Crusoe de Defoe. Planteando, en vez de la soledad del hombre, la soledad del grupo, eliminando la individualidad del héroe para transformarlo en grupo. La única pega que encuentro es la repetición que, como es normal, suele encontrarse en obras por entregas. Es por eso que leído como un todo fastidie un poco esa reiteración, ya que corta un poco la fluidez de la historia.

En fín, una auténtica gozada.

martes, 3 de junio de 2008

El Malogrado; de Thomas Bernhard

Dramaturgo y novelista austríaco, Thomas Bernhard, sostuvo siempre una relación amor-odio hacia su país. De hecho llegó a ser declarada como persona non grata en Austria. Su obra más conocida es la saga autobiográfica en la que describió su propia vida desde su infancia: El origen, el sótano, el aliento, el frío, y Un niño (escrita entre 1975 y 1982).

El malogrado (1983) es una novela corta pero densa, llena de muros y repeticiones. Y sobre todo está plagada de una mala leche abrumadora. Es posible que en ella Bernhard tomase elementos autobiográficos de su paso por la Mozarteum de Salzburgo (que es la escuela superior de música austríaca).

En sí la novela es un preguntarse hasta la extenuación por las razones que han llevado al suicidio a uno de sus viejos compañeros de la Mozarteum. Narrado en primera persona, el autor nos lleva por un laberíntico monólogo interior que va alternando indistintamente los momentos del presente y el pasado. Los recuerdos y la situación actual se funden en un bloque. Los recuerdos nos van dibujando a dos de esos compañeros ya muertos con los que estudió piano: Wertheimer y Glenn. El primero es el que luego se suicidaría: es un ser absolutamente gris y mohíno, repulsivo, es "el malogrado", un hombre enfermo, cuya indisposición tiene mucho que ver con la aparición en su vida de Glenn. Glenn es el otro de sus compañeros del Mozarteum, pero a diferencia de Wertheimer, él triunfó. Se convirtió en un pianista internacionalmente reconocido. Los recuerdos y pensamientos actuales llevan al narrador (a Bernhard) a reflexionar sobre las consecuencias aniquilatorias de esa sombra de triunfo (de Glenn) sobre Wertheimer y sobre él mismo.

Leyéndola uno puede entender perfectamente porqué fué declarado como persona non grata en Austria. Toda una declaración de principios: Las ciudades de Austria le parecen las peores del mundo, las personas austríacas le parecen horribles, el partido socialista que estaba en el poder le parece que ha desvirtuado la palabra socialismo... Y así un sigue y sigue infinito. Es una de esas novelas, tan preñadas de negativismo y mal rollo, que uno tiene que apartarse un poco por temor a contagiarse de un nosequé oscuro y deprimente.

Aún así he quedado fascinado por el estilo brutal y descarnado de Bernhard. Tiene una fuerza única. El libro está escrito como si oyésemos y viésemos su propia voz relatando ese rescate del recuerdo.

miércoles, 28 de mayo de 2008

Marshal Law; de Pat Mills y Kevin O'Neill

Creada por el guionista británico Pat Mills (Judge Dredd, Sláine, ABC Warriors...) y el dibujante Kevin O'Neill (La liga de los hombres extraordinarios). La primera historia de Marshal Law fué una miniserie de seis números publicada en 1987.

Pat Mills es un reconocido anti-superhéroe y anti-autoritarismo. Y eso es lo que trata precisamente el fondo de esta serie. ¿Qué mejor manera que parodiando y exagerando a los propios Superhéroes? Su tratamiento de la violencia y el sexo, totalmente desvestido de convencionalismos e incluso políticamente incorrecto, atrae muchísimo. Y la narración, plagada de monólogos interiores de cada personaje, me pareció todo un acierto.

Marshal Law, así de entrada, me sonaba al famoso Plan Marshall. Es decir, aquel plan puesto en marcha por los USA para reconstruir Europa después de la II Guerra Mundial. La historia del comic nos sitúa en San Futuro, una reconstrucción del antiguo San Francisco, donde los superhéroes campan a sus anchas. Pues resulta que los soldados americanos que fueron enviados a la última gran guerra fueron modificados mediante ingeniería genética para, así, convertirlos en superhéroes. Al volver a su país muchos estaban locos, pero conservaban sus superpoderes. Uno de aquellos soldados es, precisamente, Marshal Law, el cual es contratado por el gobierno para mantener en jaque a todos esos superhéroes descarriados. Es curioso cómo Marshal, vestido de forma exagerada y con cierto toque a lo "general nazi", desempeña su labor con sumo placer, dado que él mismo odia a muerte a los superhéroes.

Además de Marshal Law, por el comic desfilan una cantidad ingente de superhéroes impagables:

- El Durmiente: O también Bacteria. Cuyo lema es "Soy la forma más baja de vida..." Va vestido con una bolsa de papel cubriéndole la cabeza.
- El Espíritu Público: Es una parodia de Supermán. Impresionante la imagen donde aparece inyectándose anabolizantes.
- Celeste: Es una "Puta estelar". Consigue información a cambio de sexo.
- El Cuasi-Hombre: Gordito y con un rabo que "erecto mide un metro".
- Hitler Hernández: Se cree la reencarnación del Führer.
- Judas S. Cariote o El traidor.
- Cabezaturco: Esquizofrénico paranoide que se cosió el traje a la piel para que nadie descubriese su identidad.

La historia que se relata durante los seis números, una intriga por conocer la verdadera identidad de El Durmiente, no es del todo interesante, lo que más me ha llamado del comic. Pero lo que sí que verdaderamente hace de éste comic un artefacto de culto es la forma en la que está contado: Esa mala leche con la que Pat Mills retrata a sus personajes. Y la psicología de trasfondo: Esas miserias mostradas a la luz sin contemplaciones, con brochazos gruesos y desde dentro de sus cabezas: con ese original "monólogo interior".

Agradecer muy mucho a Knut el descubrimiento de éste Pat Mills. Del que tengo muchas ganas de leer Sláine.

domingo, 25 de mayo de 2008

We3; de Grant Morrison y Frank Quitely

Morrison y Quitely brillan flamantemente en ésta historia. Tanto el guión, que llega a emocionar en varios momentos, como el dibujo, que roza lo cuasi-cinematográfico, son de alto vuelo. Eso sí, no presenta nada nuevo, pero en esencia es entretenimiento del bueno.

WE3 fué publicado en tres números entre 2004 y 2005.

El título "WE3" tiene a su vez varias lecturas. Por un lado significa "Nosotros tres" y fonéticamente suena a "Nosotros libres". La historia nos presenta a tres animales: un perro, un gato y un conejo, que han sido modificados mediante implantes cibernéticos para ser utilizados como armas de guerra. La idea en sí es una modernización del viejo mito de Frankenstein al que se ha recurrido tantas veces (otro ejemplo más reciente sería "¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?" de Dick); de cómo lo que es creado por el hombre se escapa de sus manos y busca un verdadero "hogar" fuera de las probetas. De cómo lo tecnológico tiende a "humanizarse" y de cómo es precisamente esa parte que recuerda a lo humano lo que nos dá miedo. Y, a su vez, de cómo esos seres "creados", en este caso los WE3, son más dignos de alabanza que nosotros, los propios seres humanos.

El perro es el que en esencia lidera el grupo, mostrando una mayor inteligencia. El gato es el más salvaje, el más instintivo. Y el conejo es el más básico de los tres. A mi me emocionó esa búsqueda de "casa" por parte de los tres, y de cómo el perro se planteaba contínuamente si era bueno o malo. Mostrando, tal vez ese, paradigma vital de búsqueda ontológica del ser humano como "animal que se pregunta".

lunes, 19 de mayo de 2008

Hermana del sueño; de Robert Schneider

"Hermana del sueño" (1992) fué la ópera prima de Robert Schneider, autor austríaco, que ha estado quizá más emparentado al mundo del teatro.

El libro comienza diciendo lo siguiente: "Quien ama no duerme" (...) "porque en el sueño se estaba muerto, o al menos no se vivía realmente. No era casualidad que un viejo proverbio comparase el Sueño y la Muerte con dos hermanos ¿Cómo podía pretender un hombre de corazón limpio, que amaba a su mujer toda la vida si lo hacía solo de día y, además, quizá sólo el tiempo de un pensamiento?". Este lugar de partida, en el que ya queda reflejada la peculiar y extrema filosofía del protagonista, nos sugiere directamente a Hypnos y Thanatos, Sueño y Muerte, hermanos gemelos en la mitología griega.

Quedan así presentados dos de los cuatro conceptos satélite que giran alrededor de ésta novela; los cuales serían: la música, el amor, el sueño y la muerte. Tal vez incluso por éste orden. La música para Johannnes Elias Alder, protagonista de la historia, es lo que la fragancia era para Grenouille en "El perfume" de Süskind, un punto de contacto emocional, o la comunicación de su soledad genial, con la humanidad. Desde muy pequeño, Elias, fruto de una relación indecente de una mujer con el cura del pueblo, descubre el poder musical de la naturaleza. Una sensibilidad musical prácticamente metafísica, con la que Elias puede comunicarse con la armonía del universo. A través de ello, de ésta comunicación, descubre el amor. El latido de un feto aún por nacer, el tierno ritmo de Elsbeth, le emociona de tal modo que aquel primer contacto se convierte en su único amor predestinado. Pero, no sé si por lo pecaminoso de su nacimiento, un gran sesgo le hará apartarse de la reducida sociedad de aquel pueblo retrógrado: sus ojos tienen un repulsivo color amarillo.

Esta sensibilidad de Elias recuerda mucho a la que expresa Emile Cioran, en su "El libro de las quimeras", como éxtasis musical. De hecho llegó a escribir: "La música y el amor no pueden vencer a la muerte porque, en su esencia, tienden a aproximarse a la muerte a medida que ganan en intensidad" Este pensamiento del rumano nos sitúa en la propia filosofía de Elias, que concibe ambas formas de sentir (la erótica y la musical) como centrales e inseparables de su propia vida, y por tanto considera un deber que ambas se presenten con una plenitud desmedida, casi utópica. Cioran expresa esta relación con la muerte en términos de un salto; el salto erótico nos arroja por lo insoportable de su plenitud, y el salto musical por lo total de sus vibraciones, que quiebran la resistencia de la individualidad.

Esta pequeña novela se convierte, en su estilo amable y cercano, en un relato interesante pero que no llega del todo a embriagar ni a emocionar. Eché en falta mayor mala leche de la que se vislumbra en algunos momentos, quedándose estos en pequeños esbozos de lo que "podría haber sido".

martes, 13 de mayo de 2008

Arkham Asylum; de Grant Morrison y Dave McKean

Los autores de esta novela gráfica son los insignes Grant Morrison y Dave McKean. Aquí, en 1989, aún gateaban, al menos daban sus primeros pasos, sobre todo el guionista inglés Morrison. Después, ya en los noventa, Morrison elevaría Doom Patrol a serie de culto y crearía a los Invisibles, y ya en el siglo XXI se encargaría de dar nueva sangre a los X-Men. Serían otros tiempos mejores. Sin embargo su compatriota, Dave McKean, por aquellos 1989 ya cultivaba ese tipo de ilustración que mezclaba el collage con la pintura al óleo, una particular visión que le ha valido el reconocimiento unánime en el mundo del cómic. De hecho ya había hecho gala de su arte en Orquídea negra y Violent Cases. Luego durante los noventa crearía Cages y trabajaría fielmente junto a Gaiman en la elaboración de las portadas de la serie The Sandman.

He de reconocer que la idea de meter en el manicomio a Batman junto al Joker y a otros villanos me atraía. También me atraía el hecho de que Morrison quisiese usar una iconografía que hiciese guiños a la historia de Alicia en el País de las Maravillas; que tratase el viaje de Batman através de Arkham como una travesía por su región de miedos. Sonaba muy bien eso de que iba a tratar el personaje de Batman desde un punto de vista adulto y complejo.

Nada. Menudo fiasco. Y mira que llevaba tiempo queriendo leerlo.

Batman parece un panoli mustio. Un tipo simplón y estúpido que se deja llevar por los acontecimientos con una parsimonia asombrosa. Y la complejidad del texto pasa por citar a Jung o Aleister Crowley o darle una simbología literaria cogida por los pelos. Pero fondo, fondo: ninguno. A Morrison no le faltan ganas de contar cosas, no digo que no: se vislumbra su espíritu jóven, con mucha fuerza en algunos momentos, pero desgraciadamente con poca o ninguna hondura. Hay momentos en el que la historia parece que va a explotar en una infinidad de brillos, pero al final se queda en un triste espejismo que deja aún peor poso ilusorio.

Las imágenes que pretenden ser perversas se quedan en simple pantomima o pose insustancial. Y toda la pretenciosidad de la historia se queda en simple anécdota o en sinsentido.

Para ejemplos, escenas tales como cuando Joker le toca el culo a Batman y le insinua cierta homosexualidad en su relación con Robin. O cuando Batman suelta una lagrimita cuando le pasan el test de Rorschach. O la escena donde Batman chilla pidiendo auxilio en el suelo como si fuera una niñita histérica. En fin.

Hay momentos que, al menos, resplandecen un poco, como algunas partes que ilustran la génesis de la locura de Amadeus Arkham o la escena donde el diario de Amadeus Arkham se mezcla con los acontecimientos que vive Batman. También Dave McKean hace un gran trabajo como ilustrador, dando un toque gótico y opresivo, manchando y ofreciendo una abstracción que sugiere más que muestra. Lo cual me parece fantástico.

Resumiendo: Pretencioso y vacío.