lunes, 24 de marzo de 2008

Ghost world; de Daniel Clowes


La historia de Daniel Clowes es la clásica historia del dibujante underground que llega a convertirse en dibujante de culto con el paso de los años y tras una afanosa peregrinación. El síntoma es ya casi arquetípico. La creación más importante de Clowes es, sin duda, su revista Eightball editada desde 1989. Por ella han desfilado prácticamente todas sus historias: Como un guante de seda forjado en hierro, Pussey!, David Boring, o Ice Haven. Pero tal vez la obra que más ha trascendido ha sido Ghost World (traducido en castellano como Mundo Fantasmal), incluída en los números 11 a 18 de la mencionada revista. Seguramente gracias a, una vez más, la versión cinematográfica, en la que el propio Clowes participó como guionista.

El estilo de Clowes cuando dibujó Ghost World (1993-1997) es realmente simple: Trazos limpios y sin demasiados detalles y un coloreado azul para las sombras. Nada de efectismos estéticos. Su estilo es muy directo. Precisamente Clowes no es un dibujante excepcional, al menos no es eso lo más destacable en sus cómics, y el dibujo en Ghost World funciona sólo de marco para contar la historia.

Asistimos al crecimiento de dos chicas, Enid y Rebecca amigas de la infancia, desde la adolescencia hasta lo que podría llamarse como primera madurez. La temporalidad es indirecta, percibimos el transcurso de tiempo a través de los cambios de look de Enid, la protagonista central del relato. Personalmente la odié desde el primer capítulo, y esa fué la sensación fundamental con la que embadurné toda la lectura de la historia. La Enid adolescente es precisamente el tipo de persona que rechazo de pleno: Una persona que está contínuamente quejándose de todo, y que está en contra del mundo y las modas. Resulta exasperante. Pero el comic es, precisamente, la deconstrucción de Enid. Al menos yo lo veo así. Como vamos viendo, poco a poco, ese odio de Enid y esa seguridad que pretende aparentar no es más que el reflejo de todas sus inseguridades y dudas. El sentimiento verdadero y la emotividad sólo parten de sus recuerdos de infancia: un disco de canciones infantiles, un muñeco, una pintada en la pared... Y el rechazo a la realidad presente, hacia las cosas que le rodean que no estén impregnadas de la rareza que ella busca como parangón. Todo ello le lleva a distanciarse sutilmente, y dolorosamente, de su amiga. Tan sólo hacia el final, comencé a tener lástima de Enid, puesto que es en ese momento en el que la historia se torna melancólica.

Creo que el momento de Ghost World no era mi momento. Ni mi historia. Su final me parece ñoño y cursi.
Y sigo odiando a Enid Coleslaw.

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