miércoles, 12 de marzo de 2008

R.U.R.; de Karel Čapek


Karel Čapek, es conocido y nombrado en los anales de la literatura y ciencia, sobre todo, por utilizar por primera vez la palabra "robot"(-robota- que quiere decir "servidumbre" en checo) e incluirla en una de sus obras teatrales: R.U.R. (1920). El término, en realidad, fué ideado por su hermano Josef, que primero se decidió por la palabra "automat". De todas formas Karel Čapek llegó a convertirse en uno de los autores checos más importantes del siglo pasado. Cabe citar, entre sus obras, La fábrica de Absoluto (1922) o La guerra de las salamandras (1936).

R.U.R. o Robots Universales Rossum, conforma una mezcla extraña. Mezcla la ciencia ficción con el teatro, lo cual en 1920 debió suponer todo un bombazo. En la obra se nos cuenta cómo, en la fábrica Rossum, se crean robots para venderlos y que, de ésta manera, suplanten a los trabajadores. Éstos apenas se distinguen de los humanos, exceptuando que son incapaces de sentir emociones, ya sea dolor o miedo a la muerte; además no son seres mecánicos. De ésta manera en la obra se nos transmite la utopía de la desaparición del trabajo y el esfuerzo físico, así como acaricia la idea de Dios "que construyó al hombre a su imagen y semejanza". El invento de los robots, según la historia relatada, fué llevado a cabo por los Rossum ("rossum" en checo quiere decir razonamiento) en su fábrica. Es pués obvio hacer la analogía de las palabras checas en su sentido etimológico: a través de rossum consigo robota, o através del razonamiento obtengo la servidumbre. De alguna forma leyendo nos vienen a la cabeza cosas como que estamos asistiendo a la construcción de una sociedad capitalista y la división entre clases: la burguesía y el proletariado (o la clase trabajadora).

Hacia la mitad de la obra un psicólogo, encargado en la fábrica de aleccionar e introducir comportamientos en los humanoides prefabricados, comienza a hacer modificaciones en algunos de ellos para que puedan "sentir", lo cual hace que estos, poco a poco, comiencen a revelarse hacia la especie humana. Cuando esto ocurre, los robots ya pueblan la tierra entera, y se hacen fácilmente con su control. El pesimismo de lo "humano" blandido por Čapek queda al final enmendado con dos robots que comienzan a sentir emociones del todo humanas (los cuales son rebautizados como Adán y Eva).

De alguna manera esta obra moldeó lo que luego sería Metrópolis, escrita apenas unos años después, en 1926, por Thea von Harbou (la que fuera esposa nazi de Fritz Lang).

Aún así la obra no es que me haya entusiasmado.

2 comentarios:

Peter Sinclair dijo...

Vaya, pues la verdad es que le tenía ganas después de lo muchísimo que me gustó "La guerra de las salamandras" pero bueno, intentaré bajar las expectativas. Tengo desde hace unos meses comprada la edición de Minotauro que junta RUR y La fábrica de lo absoluto y ya va tocando leerla.

señor tascoigne dijo...

Precisamente me estoy leyendo esa edición que comentas. Voy alternando lecturas mientras me enfrento a Moby Dick. Tal vez RUR a tí te guste más que a mí, quien sabe. La idea que transmite está muy bien, pero el modo de hacerlo es lo que no me ha convencido. Me parece una lectura fría, sosa, a la que le falta fuerza e intensidad. Tal vez en escena gane más.

No he leído "La guerra de las salamandras", pero espero no tardar. Siempre he visto por ahí buenísimas críticas de esa novela.