domingo, 11 de noviembre de 2007

El tío Silas; de Joseph S. Le Fanu


Pequeño diario de un lector lunático, presentado en ocho pequeños capítulos. El manuscrito fué encontrado en una tumba sin nombre, bajo un enorme ciprés que clamaba al cielo.

I. Le ha llegado el turno a este grueso libro de Joseph S. Le Fanu. Y como lo prometido es deuda (cerca de mi melancólico país) he aquí un oscuro y pulcro diario de lectura. He leído el primer capítulo. Y me ha sorprendido bastante la manera que tiene Le Fanu de introducirnos en la historia, y más aún que el libro esté escrito en primera persona, siendo una chica de diecisiete años la narradora. Y fascina, fascina. Porque esta fué una novela escrita por entregas, y el bueno de Joseph atrapa al lector desde el primer capítulo, sembrando semillas misteriosas que, sin duda, irán germinando poco a poco a lo largo de las amarillentas páginas de la novela: Ya se ha nombrado a algún que otro personaje misterioso, ha hecho su aparición una extraña secta Swedenborgiana y una oculta llave se esconde en un bolsillo. Esto realmente promete.

II. Seguiré comentándolo. A modo de manuscrito, y mojando en sangre de bruja la punta de una pluma arrancada al cuervo de Poe, tal y como en vida hacía con las historias que inventaba. Debéis excusarme por mi lentitud, tened en cuenta que soy asimétrico desde que me atropelló aquel coche de caballos. Y cada vez que un ojo apunta hacia un párrafo del libro, otro lo hace hacia el candelabro del techo, como buen fan de Fernando Trueba que soy. Ayer noche, antes de insertarme en mi acogedor ataúd forrado con piel de condesa Bathory, leí el delicioso segundo capítulo del libro. Le Fanu hace acercamientos sucesivos a la figura del misterioso Tío Silas. Aún todo son ambiguedades, pequeñas chispas de misterio para crear una gran expectación en torno a su persona. El ritmo es lento, lleno de pequeños y delicados detalles, que convierten la lectura de esta novela en un placer desmedido.

III. Aún no he comentado como conseguí este libro. Lo pedí por correo a una antigua librería madrileña. Vino un jinete una mañana de Octubre del año pasado, sorteó el sombrío barranco que forma el Jarama, y me hizo entrega de un pequeño paquete. Dentro estaba "El Tío Silas". Flamante, nuevo y sin abrir. He de decir que he estado a punto de perder la cabeza. Mejor dicho: He perdido la cabeza. La buena noticia es que la he encontrado de nuevo tanteando un poco el suelo. Ahora la llevo en una carretilla. Este pequeño incidente no ha impedido que continuase leyendo el libro, para nada. Ha sido cuestión de poner la cabeza en el ángulo adecuado. Los diálogos que utiliza Le Fanu dentro de la cabeza de la adolescente, son muy importantes. De hecho es como si la tuviésemos contínuamente al lado contándonos la historia. Me ha gustado mucho que, desde el punto de vista de la chica, Le Fanu vaya dando de forma gradual pequeñas pinceladas, mediante ensoñaciones o viajes espacio-temporales. Es decir, que la chica va recordando ciertos hechos de su vida impregnando a estas visiones la inocencia y la mirada de una chica de su edad.

IV. Oh, maldición. La novela es absorbente a más no poder. La portada, la portada aún no he hablado de la portada. Es una portada muy cruel para el lector. Porque nos retrata a quienes la miramos como a la misma muerte. ¿No es eso lo que ocurre cuando miramos una pupila? Nos vemos a nosotros mismos, reflejados. Realmente la institutriz es un bello renacer en mis recuerdos de aquella pérfida señorita Rottenmeyer, que hacía sufrir vilmente a Heidi en mi niñez, y cuya histérica risa era un contínuo rechinar de dientes en mis tiernos oídos. Es mala, mala de verdad. Rescato un pequeño párrafo del libro realmente maravilloso:
- ¡Ah, tú no eres tan bobita... tú lo sabes todo, eso desde luego! Vamos
dímelo. Eres una pequeña obstinada. Si no lo haces, te romperé el dedo meñique. Dímelo todo.
- No sé nada del testamento de papá. No sabe usted el daño que me está
haciendo, madame. Hablemos de otra cosa.
- Sí sabes, y tienes que decírmelo, petite dure-tête, o te romperé el meñique.

Dichas estas palabras, agarró el dedo y, riendo malévolamente, de pronto lo
torció hacia atrás. Lancé un chillido. Ella continuó riendo.

Además, se siguen echando al tapete muchos más secretos y extraños sucesos, que por supuesto, no contaré para no desvelaros nada. Pero que apuntan a la querida madame como una cruenta institutriz de oscuro pensamiento y más oscuro pasado.

V. He seguido con la magnífica lectura del libro de Le Fanu. He tenido ciertos problemas para sujetar su peso, dado que el otro día me dejé las manos en la mesilla de noche, y no les dí el tan necesario baño en formol. El tiempo pasa, incluso para nosotros, los muertos. Han ocurrido una serie de hechos inauditos. La madame es mas terrible de lo siquiera imaginable. Y el enfrentamiento con la prima de Maud, Mónica, es realmente espectacular. Pero más que por lo que explícitamente se cuenta, por lo que precisamente no se dice directamente. A estas alturas, uno puede darse perfectamente cuenta de lo bien definidos, psicológicamente hablando, que están los personajes de la historia, y de la importancia que esto tiene para la historia misma. Todos tienen una personalidad muy bien estructurada, con sus propias obsesiones y con sus características gestuales y físicas estupendamente descritas, lo que a fín de cuentas, dotan a la historia de un realismo fantástico. Y aún se siguen vertiendo más secretos a la trama de la novela, sin que apenas solo unos cuantos sean descifrados. La lectura me está pareciendo fabulosa, muy agradable, y sazonada con la peculiar y cargada prosa de nuestro tío favorito irlandés: Le Fanu. Y tengo ganas, a medida que voy avanzando, de leer ese pequeño relato suyo, en el que se basa para escribir esta novela, que apenas consta de unas páginas, y en el que condensa toda esta historia. Aunque eso lo haré después de leerme el libro, claro está.

VI. Ah, casi voy por la mitad del libro y ¿Queréis saber algo? Nuestro queridísimo tío Silas se hace de rogar. Le hemos visto en cuadros, hemos leído prosaicas cartas suyas, hemos oído hablar a la dulce prima Mónica sobre su persona, pero aún no, aún no se ha mostrado. Todos son informaciones contradictorias para la pobre Maud, heroína de la novela. Le Fanu mantiene bien este pulso con las páginas, haciendo que, en vez de hacerse una espera pesada, cada vez la historia vaya interesando más y más. A resaltar en mayúsculas la labor, impresionante, del traductor: Pablo Sorozábal. Que inunda el texto con sugestivas notas a pie de página indicando los paralelismos casi lineales, y que no son pocos, con varios párrafos de la Biblia, dado que a Le Fanu le gustaba poner algunos en boca de los protagonistas, insertándolos dentro de lo que son las conversaciones normales que se dan en la novela.

VII. Ya solo me quedan 90 páginas para acabar el libro. Lo terminaré hoy, si mis dedos no lo impiden. He abusado de su intercambiabilidad y ahora han quedado un poco inestables, cayéndose cada dos por tres cuando sujeto algo. El final de la historia depara ciertas revelaciones inquietantes, y poco a poco vamos descubriendo la verdadera personalidad del tío Silas, así como van encajando poco a poco algunas de las piezas del puzzle de la historia. La verdad es que el tramo final se me está haciendo un poquito largo, a pesar de que la atmósfera opresiva sigue manteniéndose inalterable, y la pobre Maud sigue sucumbiendo, una vez tras otra, en las pequeñas trampas que le va preparando el destino.

VIII. Se acabó. Al fín, después de algún que otro parón, he terminado el libro. El final es totalmente angustiante. Diría que la historia tiene una estructura con forma de embudo, siendo el tramo final donde se revelan gota a gota todos los secretos, y siendo este tramo el más oscuro y opresivo de todos.

1 comentario:

victoria dijo...

bravo! que original forma de describir un libro.
Me he apuntado todos y cada uno de los imprescindibles.
Es probable (no 100% seguro) que esta navidad viaje a Madrid...tienes datos de esas librerías esenciales en la vida de un bibliófilo?