lunes, 12 de noviembre de 2007

Los elixires del diablo; de E.T.A. Hoffmann


Hoffmann escribió, y se nota mucho al leer la novela, ésta historia bajo la hechizante influencia de "El monje" (1796) de M.G. Lewis, una de las cúspides de la novela gótica (Incluso se cita, que uno de los personajes llega a leerla). En ambas pueden observarse rasgos muy similares: Un monje es el protagonista, y es considerado en alta estima y con grandes aspiraciones espirituales; éste es tentado una y otra vez por el mismísimo diablo, y en las dos al final el monje cae febrilmente en una sucesión de pecados impuros.

La diferencia estriba, en el caso de "Los elixires del diablo" (1815), en que Medardo (así es llamado el monje) bebe un extraño elixir, con el que el Demonio tentó a San Antonio, que además de dotarle de una claridad oratoria, hace que poco a poco su conciencia sea escindida: convirtiéndose su vida, desde entonces, en una sucesión de crímenes impíos a los que el monje se ve empujado por una fuerza irresistible, tal vez también por la consideración de una especie de "transmisión hereditaria de la criminalidad". Fruto de ésta escisión, entra en escena un doble (doppelgänger), un reflejo del propio Medardo que no es ni más ni menos que el propio desequilibrio de la conciencia. Esto podría interpretarse de muchas maneras, pero acaso la más interesante podría ser el de la esquizofrenia, lo cual dá mayor riqueza al texto, pues: Puede considerarse tanto en un plano religioso: mal de conciencia por haber pecado; como en un plano médico: escisión de la identidad, lo cual significaría un trastorno psicológico. Podría hacerse una rica comparación entre éste texto y el de El doble (1846) de Dostoyevski. En ambos, los protagonistas, proyectan sus miedos en la figura del doppelgänger, apareciendo de ésta manera en ese doble el concepto de lo siniestro: Lo conocido, de repente, se convierte en algo ajeno y desconocido.

Uno de los grandes problemas que le encuentro al libro, es el de su verborrea. Hoffmann hace hablar a sus personajes en eternas frases que parecen no tener ningún sentido. Un personaje puede empezar hablando de una cosa y terminar hablando de una bien distinta, lo cual hace que los interminables párrafos terminen haciéndose un tanto aburridos. Aún así, éste libro, es altamente recomendable, plagado de reflexiones morales que reflejan la eterna lucha entre Dios y el diablo, el bien y el mal, la culpa y la conciencia

2 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Vaya pasada de blog nuevo!!!!

Me da pena que hayan desaparecido las entradas anteriores, pero esto me parece buenísimo.

Ya iré dejando comentarios (bueno, si tengo algo que decir, claro).

Por el momento sólo felicitarte por este cambio.

Y felicitarme a mí mismo, eah, por tener esta fantástica oportunidad de leerte.

¡Abrazos!

Llosef

señor tascoigne dijo...

Gracias a tí, por pasarte por aquí. ¡Ya sabes que siempre eres bienvenido!

Sí, hombre. Je je je. Ya me gustaría que éste espacio fuese la mitad de bueno que "La décima víctima".

Lo que estoy haciendo -que además era algo que quería hacer desde hacía tiempo- es actualizar todas las notas que he ido escribiendo sobre varios esos libros que he ido leyendo, y tenerlas así ordenadas. Así que las entradas anteriores aparecerán, pero mejor organizadas. Porque reconozco que soy un auténtico caos con patas.

Desde que perdimos "El club de la medianoche" me siento un tanto desamparado. No sé muy bien donde colocar todo lo que voy leyendo, ni puedo compartirlo como hacíamos entonces. Así que, presupongo que, de alguna forma, me he refugiado en los blogs también por eso.

Nos leemos.
¡Un abrazo!